La ascensión y caída de Yolanda Díaz: desde la oportunidad política hasta el desplome de Sumar
Hace unos años, un antiguo rival político en Ferrol elogió a Yolanda Díaz por su habilidad para «ver venir las cosas» y tomar decisiones antes de que ocurrieran. Sin embargo, a la luz de los resultados obtenidos por Sumar en las recientes elecciones europeas, parece que la vicepresidenta y ministra de Trabajo puede haber perdido esa habilidad, ya que las señales de problemas habían sido evidentes desde las elecciones gallegas de febrero.
En sus últimos quince años de carrera política, Díaz se ha caracterizado por ese don de la oportunidad, ese fino olfato para cambiar de caballo antes de que el suyo exhale su último aliento. Lo hizo en Ferrol, donde inició su carrera política en Esquerda Unida (EU), de la mano del histórico Fernando Miramontes, al que finalmente desplazó para liderar la candidatura local.
A pesar de sus esfuerzos, Díaz nunca logró llegar al Parlamento de Galicia como IU. No fue hasta que se alió con Xosé Manuel Beiras y sus ‘irmandiños’ de Anova, que abandonaron el BNG en 2012 con un portazo sonoro, que logró hacerse un hueco en la política gallega. Juntos formaron Alternativa Galega de Esquerda (AGE), una coalición política que incluía a Beiras, EU, Equo y Espazo Ecosocialista. A pesar de las prisas y las limitaciones presupuestarias, lograron 200.000 votos y fueron terceros en las autonómicas de 2012, superando al Bloque.
De En Marea a la Vicepresidencia
Con toda una legislatura por delante, Beiras y Díaz comenzaron a crear una coalición aún más grande, y en ella incluyeron a los fundadores de AGE, así como a Podemos, que acababa de nacer, minorías del nacionalismo de izquierdas con distinto grado de radicalidad y las ‘mareas municipalistas’, que habían tomado los cielos de La Coruña, Santiago de Compostela y Ferrol. En las elecciones generales de 2015, En Marea logró más de 400.000 votos y 6 diputados en el Congreso, incluyendo a Díaz.
El pico de su carrera política coincidió con su ascenso al Ministerio de Trabajo, de la mano del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, con Pablo Iglesias como vicepresidente. Pero mientras su perfil político nacional crecía, en Galicia la coalición En Marea se desvanecía entre las llamas de las ambiciones de unos y otros.
Algunos sostienen que «Yolanda nunca creyó en En Marea como sujeto político propio», y que buscaba un espacio subalterno a Unidas Podemos en Madrid. Esta estrategia la llevó a formar parte del grupo parlamentario morado, para disgusto de Alberto Garzón, coordinador de IU, antes del famoso ‘pacto de los botellines’.
En este punto, Díaz ya había adoptado el ‘pablismo’: la otra izquierda estaba desbordando a la organización de Julio Anguita, y había que evolucionar o morir. La relación de Díaz con Pablo Iglesias venía de lejos: él había sido asesor en la campaña de AGE. Eran días de vino y rosas, pero más adelante llegaría la resaca.
La caída de Sumar
Hubo un espejismo en las elecciones generales del 23J. Sumar se convirtió en la última matrioska de la izquierda alternativa, con Díaz como rostro y referente absoluto. En Galicia logró ser la tercera fuerza, superando al BNG, sin apenas implantación territorial ni estructura organizativa. Sin embargo, las autonómicas de febrero mostraron un escenario diferente. «Yolanda tenía un horizonte político claro, pero se fue desfigurando», señala un excolaborador de Sumar.
En un intento por revitalizar Sumar, Díaz convocó a Martiño Noriega, un antiguo aliado de Beiras y exalcalde rupturista de Santiago, para liderar la candidatura de Sumar a las autonómicas. Sin embargo, los viejos rencores pasaron factura. Noriega no solo rechazó la oferta, sino que también hizo un acercamiento al BNG junto a Beiras.
El resultado fue un duro golpe para Díaz. No solo no logró ser profeta en su tierra, ni siquiera en su pueblo, sino que tampoco tenía un espacio político que integrar en Sumar para hacer frente a Más Madrid, Compromís o los Comunes. El fracaso de Sumar amenaza ahora la carrera política de Díaz.
A pesar de todo, Yolanda Díaz sigue siendo una «enferma del trabajo», como la describen sus excolaboradores. Aunque las encuestas no eran positivas durante la campaña de las elecciones gallegas, Díaz se mantuvo firme y trabajó incansablemente. Sin embargo, el resultado fue un duro golpe.
Esta semana, Yolanda Díaz anunció su dimisión como coordinadora general de Sumar. Aunque este paso pueda parecer significativo, sus excompañeros en Galicia relativizan la importancia de la decisión. «No creo que ambicionara el título ni que tuviera ganas de ser coordinadora, porque eso tampoco implica tener mayor capacidad de mando o más poder orgánico», explican. «Yolanda va a seguir liderando ese espacio político desde el Gobierno», añaden, pero sin soltar amarras con Sumar, «porque es su criatura, es su marca».
En esta España que pasa del amor al odio de la noche a la mañana, no hay que dar por amortizada a Yolanda Díaz. «No tiene el capital político de hace dos años, pero es recuperable», advierte una voz dentro de Sumar. Y si hubiera elecciones generales a corto plazo, «yo creo que ella sería la candidata, porque no hay tiempo para articular una alternativa». Así que puede que esa profecía de su rival de Ferrol vuelva a cumplirse, y este paso atrás sea pura táctica para volver a ser el mascarón de proa de su barco rosa, si es que consigue reflotarlo.
