Moeve y Galp han puesto fin a las conversaciones que mantenían para combinar sus negocios de refino y sus redes de estaciones de servicio en la Península Ibérica. Las compañías no lograron cerrar un acuerdo definitivo sobre las condiciones de la operación, que buscaba crear un gran grupo energético ibérico y reforzar su posición competitiva frente a Repsol.
Sin acuerdo tras nueve meses de conversaciones
Las dos empresas anunciaron en enero que estudiaban una integración de sus actividades con el objetivo de ganar escala en los ámbitos del refino, los combustibles, la química y la movilidad. Sin embargo, según comunicaron ambas este lunes, no alcanzaron unas condiciones definitivas que respondieran a sus respectivos criterios estratégicos y financieros para sostener una alianza duradera y generadora de valor.
El control de la refinería de Sines, uno de los puntos sensibles
Aunque ni la compañía española ni la portuguesa han precisado las razones concretas de la ruptura, el reparto de los activos industriales se situaba entre los aspectos más complejos de la negociación. El proyecto preveía incorporar la refinería portuguesa de Sines a las instalaciones de Moeve en España mediante una sociedad industrial controlada mayoritariamente por los accionistas de la energética española.
Este planteamiento habría supuesto que la única refinería de Portugal quedase bajo una mayoría de capital extranjero, una circunstancia especialmente delicada para las autoridades lusas. En septiembre, el Gobierno portugués afirmó, según adelantó Reuters, que emplearía los instrumentos a su alcance para proteger la capacidad nacional de refino.
Estas reservas introdujeron un componente político en unas conversaciones que finalmente no han llegado a buen puerto. El diario económico portugués ECO ya señaló el domingo la posibilidad de que la operación fracasara por las diferencias sobre sus condiciones. Según ese medio, la principal accionista de Galp, Paula Amorim, no habría aceptado las exigencias de la parte española.
Dos plataformas independientes previstas en la operación
La propuesta contemplaba la creación de dos plataformas separadas. La primera se habría dedicado a las actividades industriales, incluyendo refino, química, comercialización de productos petrolíferos y desarrollo de combustibles bajos en carbono, reuniendo activos y capacidades de los dos grupos.
La segunda plataforma habría concentrado los negocios de movilidad y venta minorista, entre ellos las redes de gasolineras, la recarga eléctrica y los servicios vinculados a estas actividades.
Moeve y Galp continuarán sus estrategias por separado
Tras el cierre de las negociaciones, ambas compañías mantendrán el desarrollo independiente de sus respectivos negocios. En el caso de Moeve, la prioridad pasa por ejecutar sus inversiones en combustibles de nueva generación e hidrógeno verde, mientras que la integración con Galp deja de ser una opción para acelerar su expansión en el mercado ibérico.
La empresa señala que ya ha desinvertido más del 70% de sus activos de exploración y producción de petróleo y que dedica dos tercios de sus inversiones a proyectos relacionados con la transición energética industrial. También ha presentado un nuevo modelo operativo orientado a agilizar la ejecución de su estrategia y mejorar la eficiencia.
El consejero delegado de Moeve, Maarten Wetselaar, afirmó que la posible integración del negocio de downstream con Galp era una oportunidad para acelerar la creación de valor, pero que nunca constituyó una condición necesaria para ejecutar la estrategia de la empresa. Asimismo, confirmó que la compañía seguirá centrada en su transformación con disciplina financiera.
Por su parte, Galp considera que sus actividades de downstream conservan un sólido potencial de crecimiento y generación de valor sin integrarse con la compañía española. La petrolera portuguesa sostiene que el resultado de las conversaciones no afecta a su operativa actual ni altera sus prioridades de inversión.
La compañía también mantiene que la consolidación del sector puede ofrecer oportunidades para elevar la competitividad, ganar escala y aumentar la capacidad inversora de los negocios de downstream. Paula Amorim indicó que, aunque la lógica estratégica de la propuesta continúa teniendo sentido, las partes no lograron el consenso comercial necesario para establecer una asociación estable y generadora de valor a largo plazo.

