El espejo que revela la dura realidad detrás de las obras del Camp Nou
La inocencia se pierde cuando cruzamos el espejo que separa la ficción que vivimos y la realidad que ocultamos para tratar de mantener nuestra felicidad. Esta es una historia acerca de la Fundació del Barça bajo la presidencia de Josep Maria Bartomeu, y no de Joan Laporta, que intentó mostrar a algunos periodistas sus proyectos solidarios en Sudáfrica hace unos años.
La intención era, sin lugar a dudas, buena. Los proyectos eran reales; se educaba a jóvenes y niños forzados a vivir en condiciones miserables en los suburbios de las ‘township’ cerca de Pretoria. Tuve la oportunidad de presenciar programas en los que se intentaba educar a los adolescentes sobre la importancia de la prevención contra el VIH.
Historias que impactan
Había historias que me impactaban, como la de un niño de 12 años llamado Methew, que jugaba al fútbol con una sola bota, la derecha, porque la izquierda se la dejaba a su amigo, Samvkelo, que era zurdo. Su familia ni siquiera podía pagarle zapatos para ir a la escuela.
Por la mañana, todas esas historias te golpeaban hasta atravesar tu piel. Pero por la noche, lo que importaba era el estómago. Los mismos que viajaban hacia la miseria en clase ‘business’ buscaban los mejores restaurantes de sushi en la ciudad. Eran los mismos que, una vez llegados a los campamentos y con los niños y niñas dispuestos a ofrecerles el mejor recibimiento de sus vidas, ni siquiera daban un llavero a cambio.
El lavado de conciencia en el fútbol
En el fútbol, todo es válido para lavar la conciencia. Un día es Mbappé quien pide votar contra los extremos después de haberse hecho millonario bajo la dictadura de Qatar. Al otro día, Unai Simón, el portero de la selección española, evade la responsabilidad porque los problemas de la gente no son suyos. Tiene suficiente con jugar al fútbol.
El miércoles, Elisenda Colell, Gabriel Ubieto y Manu Mitru, tres excelentes periodistas que se mantienen al margen de las guerras institucionales del Barça, publicaban la historia de unos trabajadores rumanos que llegaron a España pensando que trabajar en la obra del Camp Nou sería la oportunidad de sus vidas.
El maldito espejo les reveló una dura realidad: un macrohotel en Calella donde vivir hacinados y la angustia de no saber cómo denunciar que nadie les había pagado sin siquiera haber firmado un contrato o haber sido dados de alta en la Seguridad Social.
El Barça y su compromiso con los refugiados
Mientras estos trabajadores de la construcción cargados de deudas veían sus caras en la portada del diario con la esperanza de que la publicación de sus casos sirva para algo más que para el enfado de quien se sienta en la poltrona, el Barça promocionaba a través de sus canales de información su compromiso con las personas refugiadas a través de programas propios y en colaboración con ACNUR.
En las obras del Camp Nou, por cierto, también trabajan refugiados. Pero no son ellos los que salen en las campañas de publicidad de un fútbol que continúa escondiendo sus miserias bajo su bella alfombra.

