En 1973, durante la crisis del petróleo, el ingeniero alemán Hans Beck fundó una solución innovadora para la creación de juguetes con un consumo mínimo de plástico. Este ingenio se materializó en la forma de los icónicos muñecos de Playmobil. Durante casi medio siglo, estos juguetes han sido una parte integral de la industria del juguete, pero ahora la empresa se enfrenta a desafíos significativos en el mercado actual que han llevado al cese de la fabricación en su filial de Onil, en Alicante, después de 48 años de operación.
Playmobil, que forma parte del grupo Horst Brandstätter, anunció en octubre del año pasado la eliminación de casi 700 puestos de trabajo en todo el mundo, lo que representa el 17% de su plantilla de 4.100 empleados. Este recorte se produjo después de constatar una disminución notable en la facturación, que pasó de 653 a 614 millones de euros, según diferentes medios alemanes. La caída en las ventas se debe a varios factores, entre ellos la disminución en la tasa de natalidad, la creciente competencia de las pantallas y los videojuegos, y el aumento de los costos de las materias primas debido a la pandemia de coronavirus.
La filial española, Playmobil Ibérica, ubicada en Onil, ha experimentado un impacto particularmente significativo. Su facturación cayó de 54,5 millones a 40,7 millones en el último año, y las instalaciones en Alicante se han convertido en un centro logístico y comercial.
La historia de Playmobil en España comenzó en 1975, tan solo dos años después de la creación de los muñecos. La empresa Famosa, con sede en Onil, obtuvo la licencia para fabricar y comercializar los juguetes en el país bajo el nombre de Famobil. La relación fue fructífera desde el principio, con la incorporación constante de nuevos artículos que acompañaban a los muñecos de plástico.
En 1983, Horst Brandstätter decidió adquirir el negocio, creando Playmobil Ibérica y asumiendo también las instalaciones de la antigua Famobil. La presencia de la empresa en Onil aportó un impulso económico significativo a la comarca de la Foia de Castalla, generando empleo tanto directo como indirecto a través de proveedores locales.
A lo largo de los años, la empresa ha enfrentado varios desafíos, incluyendo un incendio en 1988 que destruyó las instalaciones de la compañía. A pesar de esto, la empresa logró recuperarse y continuó la producción, llegando a fabricar unas 20 referencias anuales para su distribución mundial. El barco pirata fue uno de los artículos más rentables.
El cierre de la producción en Onil ha dado lugar a un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que ha afectado a 26 de los 61 trabajadores que aún estaban en la factoría. La disminución de la plantilla puede continuar, y la actividad de los proveedores también se ha reducido. En este momento, el futuro de la empresa es incierto. Sin embargo, una cosa está clara: los clicks de Playmobil ya no llevarán el sello made in Spain. El cese de la producción en España marca el final de una era para Playmobil, pero también refleja los desafíos más amplios que enfrenta la industria del juguete en el clima económico actual.
