El episodio de tormentas que tuvo lugar entre el 14 y el 15 de abril de 2024 en la región de Oriente Medio, específicamente en Omán y los Emiratos Árabes Unidos, dejó tras de sí un saldo de al menos 24 muertos. Según un reciente estudio de World Weather Attribution, las precipitaciones diarias en Dubái durante este periodo superaron todos los registros previos desde que comenzaron a medirse, y fueron entre un 10% y un 40% más intensas de lo que habrían sido en un clima 1,2ºC más frío.
El estudio, realizado por un equipo internacional de investigadores de Arabia Saudí, Pakistán, Suiza, Países Bajos, Suecia, Estados Unidos, Canadá, Francia y el Reino Unido, se centró en los Emiratos Árabes Unidos, la parte norte de Omán, Bahrein y una pequeña parte de Arabia Saudí. Los investigadores señalan que esta región es hiperárida y que las tormentas de este tipo son raras, lo que lleva a una alta incertidumbre en la evaluación.
El equipo estima que el calentamiento global de 1,2ºC ha hecho que episodios de lluvias intensas como el ocurrido en abril sean más probables. Sin embargo, también analizaron modelos climáticos con una alta resolución y encontraron que no muestran consistentemente una tendencia en las precipitaciones, lo que aporta una gran incertidumbre a estos hallazgos.
Según el Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la Organización de Naciones Unidas (ONU), existe una «confianza media» de que las precipitaciones intensas serían detectablemente mayores en la Península Arábiga con aproximadamente 1,5 °C de calentamiento global en comparación con las condiciones climáticas preindustriales.
Al evaluar los impactos del episodio de lluvias, los investigadores señalan que la mayoría de las muertes ocurrieron entre personas que se encontraban viajando durante la tormenta. Muchos ciudadanos en Dubái fueron obligados a abandonar sus automóviles debido a las inundaciones, un hecho que resalta la importancia de una advertencia temprana y específica para los impactos esperados en regiones particulares.
Además, el estudio señala que entre el 80 y el 85% de la población total de Omán y EAU está en riesgo de inundación. Ambos países tienen un alto grado de superficies con permeabilidad limitada y suelos hiperáridos, factores que exacerban el riesgo y la gravedad de las inundaciones repentinas. Los investigadores hacen un llamado a una planificación urbana más proactiva e integrar pronósticos basados en impactos en sus sistemas de alerta temprana.
Por último, los investigadores aclaran que no se implementó ninguna medida de ‘siembra de nubes’ para este evento y que, incluso si se hubiera hecho, no habría influido en la cantidad de humedad atmosférica disponible, que fue la principal variable anómala antes del evento de precipitación. Esta aclaración es crucial, dado que la siembra de nubes es una técnica que se utiliza a menudo en la región para aumentar la cantidad de precipitaciones.
