El derbi entre el Cartagena y el Real Murcia se vive con tensión, bromas y rivalidad, pero también deja historias en las que el afecto convive con los colores. Es el caso de Antonio Gil y Pepa Acosta, pareja desde hace ocho años y residentes en Cartagena, aunque separados futbolísticamente por su pasión grana y albinegra.
Una relación con dos escudos
Pepa es cartagenera y seguidora del Efesé. Antonio, natural de la Copa de Bullas, es un murcianista convencido. Se conocieron en la universidad y, desde prácticamente el inicio de su relación, el fútbol formó parte de su día a día. Antonio recuerda que su primer regalo como novio fue una toña, el dulce típico de Bullas, junto a una pulsera de ‘SOS Real Murcia’. «Le dije que esos eran mis principios y que no había otros», explica. Ella conserva todavía ambos regalos.
La afición de Antonio por el Real Murcia procede de su entorno familiar. Su primo es Juan Valera, exjugador grana que desarrolló su carrera en Primera División. De niño acudía con su padre a los entrenamientos en Cobatillas y guarda entre sus primeros recuerdos a futbolistas como Bonano y Luis García, además de una victoria ante el Mallorca en Primera. A los 15 años se abonó a la grada lateral y asegura que desde entonces no falta ningún domingo.
Murcianista en territorio albinegro
Aunque es habitual en el Enrique Roca, Antonio también acude con frecuencia al Cartagonova. No lo hace por obligación ni por complacer a su pareja: Pepa asegura que es él quien la lleva a ver a su equipo. Su presencia responde a su afición por el fútbol, aunque sin apoyar al conjunto local. Vive cerca del estadio y su suegro tiene abonos, pero deja clara su posición: no anima al Efesé ni desea que gane.
La pasión de Pepa por el Cartagena también viene de familia. Su padre y su hermano mayor le transmitieron el sentimiento cartagenerista desde pequeña. Además, su tío es Sebastián Acosta, ‘Morote’, exjugador albinegro durante seis años repartidos en dos etapas, entre 1972 y 1975 y de 1980 a 1983. Se hizo abonada a los 13 años junto a unas amigas y, aunque los estudios y el trabajo la han alejado algo del estadio, procura acudir siempre que puede, incluso si tiene que llevar con ella a Antonio.
Piques sanos antes del próximo derbi
La rivalidad se ha instalado en casa desde el primer momento, siempre con cariño. Antonio bromea con su suegro y su cuñado asegurando que llevan ocho años durmiendo con una pulsera del Murcia en casa. Pepa responde recordando que les habría gustado compartir más derbis, aunque el Real Murcia ha pasado varios años en una categoría por debajo del Cartagena.
Antonio volverá a infiltrarse en Fondo Norte
La pasada temporada siguieron los enfrentamientos por separado. Antonio viajó en el autobús de las peñas pimentoneras para presenciar el derbi en el Cartagonova desde la grada visitante, mientras Pepa optó por verlo en casa. En el encuentro de vuelta en Murcia, él ocupó su asiento de abonado y ella celebró el partido a 50 kilómetros de distancia.
El próximo miércoles volverán a vivir el duelo separados, aunque Antonio estará en el lado albinegro. Acudirá a Fondo Norte con el abono de su cuñado y junto a su suegro, cuyos primos le conocen como «el infiltrado». Tendrá que contenerse, sin camiseta ni bufanda, si el Real Murcia logra imponerse.
Los dos consideran que la polémica por el precio de las entradas, la disputa del partido en día laboral y la escasa presencia de aficionados granas restan emoción al encuentro, una situación que atribuyen a ambos clubes. Pepa pronostica un 2-1 para el Efesé, mientras que Antonio confía en un 2-3 para el equipo de Sergi Guilló. Ella reconoce que, si gana el Cartagena, será mejor no hablar con Antonio hasta el día siguiente; si vence el Murcia, se alegrará por él. Antonio no tiene dudas: «El Murcia y punto. No hay más».

