Archivo - Banco de atunes

Mercurio ha sido una amenaza para la salud humana durante décadas. Este tóxico afecta al cerebro de los niños y la circulación de los adultos. Aunque se han realizado esfuerzos para reducir la contaminación por mercurio, su concentración en los atunes ha permanecido estable en los últimos cincuenta años. La excepción a esta tendencia se encuentra en el Pacífico, frente a las costas asiáticas, donde la concentración de mercurio aumentó a finales del siglo pasado.

Esto plantea una verdad incómoda. A pesar de la reducción de la contaminación, los efectos no se verán inmediatamente. En cambio, un aumento de contaminación, como el que ocurrió en Asia, puede causar daño casi de inmediato. Este es un mensaje que debe tenerse en cuenta en la acción climática.

Un estudio reciente publicado en la revista ‘Environmental Science and Technology Letters’ analizó 2900 muestras de músculos de atún tomadas desde 1971 en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico. Las muestras pertenecen a atunes de aleta amarilla, de ojos grandes y bonitos, las tres especies que representan el 94% de las capturas globales.

El mercurio, que ha sido vertido en los ecosistemas durante al menos cinco siglos, se convierte en metilmercurio, su forma más tóxica, cuando entra en el medio marino. El pescado contaminado puede causar problemas neurológicos en fetos y niños y problemas cardiovasculares en adultos.

Desde 2017, casi todos los países del mundo están obligados a cumplir con la convención de Minamata, que impone la reducción de emisiones de mercurio. Sin embargo, el estudio muestra que las concentraciones de mercurio en los atunes han permanecido estables desde 1971, a pesar de la reducción de la contaminación por mercurio registrada durante el mismo período.

La razón de esto podría ser que el mercurio emitido en el pasado se ha ido acumulando en la profundidad del océano y continúa alimentando las aguas en las que nadan los atunes. Los ecosistemas tienen una inercia que hace que reaccionen tarde a las intervenciones.

La única excepción a la tendencia general son los bonitos del noroeste del Pacífico. A finales de los años 90, se registró un aumento en su concentración de mercurio. Este cambio se produjo en paralelo al aumento de emisiones registrado en Asia a partir de finales de los años 80, asociado con la producción de la electricidad.

Desafortunadamente, no existen sistemas para eliminar el mercurio vertido en el océano. La solución es seguir reduciendo las emisiones de mercurio. Las investigadoras francesas concluyen que solo con la máxima reducción posible de mercurio se pueden alcanzar los objetivos de Minamata en el futuro cercano.

La situación con el mercurio refleja lo que se observa con otros tóxicos como el DDT, que aún se detecta décadas después de su prohibición. La lección se aplica también al CO2 y al nitrógeno, protagonistas de la actual crisis medioambiental. Es urgente detener las emisiones tan pronto como sea posible, de lo contrario, se tardará mucho tiempo en ver algún cambio.