La historia de la Segunda República Española es una de cambio abrupto, de trastornos políticos y de personajes que, de la noche a la mañana, cambiaron el curso de la historia del país. En palabras del almirante Juan Bautista Aznar, último presidente del Gobierno en el Reinado de Alfonso XIII, «Los españoles, que en la víspera se habían acostado monárquicos, amanecieron al día siguiente republicanos». Esta frase hace referencia a las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 que propiciaron el cambio de régimen.

A pesar de la creencia popular de que la Segunda República se proclamó por sorpresa dos días después de las elecciones, la realidad es que el plan para instaurar un nuevo régimen se había estado gestando en secreto durante casi un año antes de las elecciones. Según Alejandro Nieto en su ensayo ‘Entre la Segunda y la Tercera República’, los comicios municipales se convocaron para elegir concejales, pero desembocaron en un inesperado cambio en la forma de Estado. «Nadie lo preguntó, pero con los votos se entendió que el pueblo había rechazado no solo a Alfonso XIII, sino a la Monarquía, y que se había pronunciado a favor de la República».

En enero de 1930, cuando Alfonso XIII aceptó la dimisión del dictador Miguel Primo de Rivera, la Monarquía no parecía estar amenazada. Sin embargo, a lo largo de ese año, la opinión pública empezó a cambiar, influenciada por líderes políticos e intelectuales como el exministro conservador José Sánchez Guerra, Miguel Maura, Niceto Alcalá-Zamora y Melquiades Álvarez. Manuel Azaña, por su parte, excitaba a los ateneístas de Madrid.

El 17 de agosto de 1930, estas y otras fuerzas republicanas firmaron el llamado Pacto de San Sebastián, en una reunión privada en el Casino de San Sebastián, sede local de Unión Republicana. En esta reunión se trazaron todos los pasos de la «conspiración» que llevaría a la caída de Alfonso XIII.

Entre los presentes en la reunión estaban representantes de muchos espectros políticos de izquierdas. Azaña y Alejandro Lerroux representaban al republicanismo burgués y laico; el futuro presidente Santiago Casares Quiroga al regionalismo moderado; los futuros ministros Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz y Ángel Galarza al socialismo radical; Macià Mallol y Manuel Carrasco Formiguera al federalismo catalán; Jaume Aiguader al independentismo; Francisco Largo Caballero de UGT, y Indalecio Prieto por parte del PSOE.

El último intento desesperado para salvar la Monarquía se produjo después de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Aunque el número de concejales monárquicos superó al de los republicanos, estos últimos triunfaron en muchas capitales de provincia, sobre todo, en Madrid y Barcelona. Esta victoria en las grandes ciudades dio a los republicanos la confianza necesaria para llevar a cabo el cambio de régimen.

El conde de Romanones, exministro de Estado, organizó una reunión en casa del doctor Gregorio Marañón con Alcalá-Zamora. En la reunión, Romanoes dio a conocer la disposición del Rey a abdicar y buscar un pacto para el cambio de régimen. Sin embargo, la respuesta de Alcalá-Zamora dejó claro que el tiempo para los pactos ya había pasado.

En la tarde del 14 de abril de 1931, con la puesta del sol, Alfonso XIII abandonaba el país y la Segunda República era proclamada. La trama que durante casi un año se había ido gestando, finalmente se había realizado, cambiando la historia de España para siempre.