La autoridad judicial ha delimitado los hechos y delitos que se atribuyen a los 19 investigados por la travesía del denominado «cayuco de la muerte», una embarcación que llegó a Arguineguín, en Mogán, el 24 de agosto de 2025 con 248 supervivientes. La investigación sostiene que, durante el viaje desde Senegal, seis pasajeros fueron presuntamente torturados, atados y arrojados al mar tras ser acusados de practicar brujería.
Según las actuaciones, al menos otras 52 personas murieron por la falta de agua y alimentos, recursos que los investigados se habrían reservado. Asimismo, trece supervivientes sufrieron presuntamente palizas, heridas de arma blanca, quemaduras con gasoil y fracturas.
Seis asesinatos y 52 homicidios imprudentes
La magistrada de la Plaza número 4 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de San Bartolomé de Tirajana, Lorena Quiles Vallejo, celebró el 6 de noviembre la comparecencia para concretar la imputación. Este trámite fija los hechos presuntamente cometidos, los delitos atribuidos a cada encausado y las diligencias aún pendientes antes de cerrar la instrucción.
La causa afecta a 19 presuntos responsables de la embarcación, uno de ellos menor de edad. Los otros 18 permanecen en prisión provisional. Dieciséis ingresaron en prisión el 5 de septiembre de 2025 y dos lo hicieron el 12 de septiembre. Todos se encuentran en situación irregular en España y carecen de antecedentes penales.
La imputación, que todavía no constituye un escrito de acusación, contempla presuntos delitos contra los derechos de los ciudadanos extranjeros, de grupo criminal y de amenazas, además de 52 delitos de homicidio por imprudencia, seis asesinatos, cinco lesiones graves y ocho lesiones. El procedimiento contabiliza, por tanto, 58 víctimas mortales.
Por los seis asesinatos que podrían atribuirse a los investigados como integrantes de un grupo criminal, el Ministerio Fiscal podría solicitar la prisión permanente revisable. La Fiscalía autonómica delegada de Trata de Personas y Extranjería, encabezada en este asunto por Teseida García, junto a su compañera Teresa Gómez, tiene prácticamente concluida la instrucción. Solo restan ratificaciones pendientes y un informe de sanidad del Instituto de Medicina Legal.
Tras ello, la Fiscalía presentará su escrito de acusación y las defensas sus conclusiones, antes de que la causa llegue a la Audiencia Provincial de Las Palmas. El horizonte procesal se sitúa en el 5 de septiembre de 2027, fecha en la que los encausados cumplirían dos años en prisión preventiva y deberían quedar en libertad si el juicio no se hubiera celebrado antes.
Una travesía con cerca de 300 personas
Salvamento Marítimo interceptó el cayuco hacia las 02.45 horas del 24 de agosto de 2025, con 248 personas subsaharianas a bordo y rumbo a Canarias. La Guardamar Urania atracó a las 15.19 horas en el muelle de Arguineguín, y 17 migrantes fueron trasladados de inmediato a distintos hospitales de Gran Canaria.
La embarcación, de 20 metros de eslora, estaba presuntamente gobernada por los 19 investigados. La pesquisa policial, desarrollada por la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales, Ucrif, de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de Las Palmas de Gran Canaria, culminó con las detenciones en septiembre de 2025 dentro de la Operación Marabú.
El cayuco había partido el 12 de agosto de 2025. Los pasajeros habían acudido a una playa de Senegal después de pagar a miembros de la organización local que gestionaba el viaje. Fueron trasladados en pequeñas embarcaciones hasta el cayuco, fondeado lejos de la costa. Las mujeres y los niños fueron agrupados en el centro y en la zona más profunda de la nave.
Varios viajeros tuvieron que esperar uno o dos días hasta completar una ocupación que acabó superándose ampliamente: embarcaron unas 300 personas en una nave equipada con un motor de 60 caballos, considerado inadecuado para cruzar el Atlántico sin poner en riesgo la vida de sus ocupantes. La instrucción sostiene que los investigados conocían ese peligro.
Al día siguiente de salir, un problema en los motores obligó a atracar en una isla cercana para incorporar otro motor aportado por miembros de la organización que habían permanecido en tierra. Los pasajeros fueron obligados a bajar. Una vez solucionada la avería, el cayuco retomó el rumbo hacia Canarias y los investigados forzaron a todos los ocupantes a entregar sus teléfonos móviles.
La estructura que describe la investigación
La imputación expone una supuesta organización jerárquica diseñada para pilotar el cayuco y resolver por la fuerza cualquier conflicto durante la travesía. En la cúspide sitúa a los presuntos jefes de la expedición, Babacar N., de 30 años, e Ismael S., de 36, quienes habrían dado y ejecutado órdenes.
El tercer investigado, Abdou T., de 43 años, ejercía presuntamente como marabú o guía espiritual. Según la investigación, influía sobre los dos responsables e instigaba las medidas más drásticas. Otros siete acusados habrían ejecutado las órdenes violentas: Abdoulsalam N. (21), Aliou B. D., Babacar G. (26), Doudou S. (23), conocido como «Dove» o «el loco», Ibrahima D. (21), Mamadou F. (26) y Mory B. (24).
Los ocho restantes, según el relato judicial, realizaban las tareas encomendadas y ejercían violencia cuando era necesario: Assane F. (47), Check Abdolkadry B. (24), Drame D. (36), Etienne J. (27), Lamine D. (25), Male C. (43), Ousmane S. (26) y Salif S. (22). Todos habrían atemorizado al pasaje y participado en el gobierno de la embarcación, ya fuera llevando el timón o manejando el GPS.
Pasajeros señalados como «brujos»
Después del incidente mecánico, Abdou T. empezó presuntamente a identificar a determinados pasajeros como «brujos» y «brujas», a los que responsabilizaba de la avería. La acusación sostiene que Babacar N. e Ismael S. ordenaron acciones violentas que habrían ejecutado ellos mismos y el resto de implicados.
Los pasajeros señalados eran llevados al centro del cayuco, junto a mujeres, niños y bidones de gasolina. Allí, de acuerdo con el relato investigado, eran desnudados, maniatados, golpeados con palos y cinturones de cuero, heridos con cuchillos y, en ocasiones, rociados con gasolina. Las agresiones se habrían prolongado durante días, sin proporcionarles alimentos ni agua, con la intención de prolongar su sufrimiento hasta causarles la muerte.
Cuando la embarcación quedó a la deriva, los investigados habrían guardado el agua y la comida para ellos durante los cinco días que estuvieron perdidos, hasta que un buque mercante los avistó y les entregó víveres. La investigación apunta a que tampoco repartieron esos recursos entre el resto de viajeros cuando ya sabían que iban a ser rescatados.
Las seis muertes atribuidas a asesinatos
La Fiscalía Provincial de Las Palmas atribuye a los investigados seis asesinatos, al considerar que actuaron de común acuerdo, con propósito de matar y prolongando innecesariamente el sufrimiento de las víctimas.
Una mujer de Guinea, que portaba su documento de identidad, fue señalada como «bruja» por Abdou T. Según el relato, Babacar N., Ismael S., Abdoulsalam N., Aliou B. D., Babacar G., Mamadou F. y Mory B. la desnudaron, la ataron de pies y manos, la golpearon repetidamente con palos y cinturones y le negaron alimentos antes de arrojarla por la borda. No consta si aún estaba viva.
Un hombre de Gambia conocido como «el Rastas», por sus trenzas, fue igualmente señalado por Abdou T. Habría sido llevado al centro de la embarcación, desnudado, atado y golpeado, además de sufrir tirones de pelo que le provocaron heridas. También fue privado de comida y bebida y terminó en el mar, sin que se conozca si seguía con vida.
Otro pasajero, acusado por el marabú de haber causado la avería, habría sido golpeado en la cabeza hasta sufrir una fractura antes de ser lanzado al agua. Un segundo gambiano, que llevaba consigo su permiso de conducir, fue señalado por Abdou T. y, según la investigación, Babacar N. lo amordazó, ató y golpeó antes de arrojarlo vivo por la borda.
La quinta víctima, un hombre que viajaba con su primo y que también fue señalado por el marabú, habría sido atado y apaleado con palos y cinturones por Doudou S., Ibrahima D. y Mory B. antes de ser arrojado al mar. La sexta víctima es un senegalés de edad avanzada, todavía sin identificar, al que Ismael S., Abdoulsalam N., Babacar G. y Mory B. habrían atado de pies y manos y golpeado con palos y un cinturón de cuero antes de lanzarlo por la borda.
Además, el escrito atribuye a los investigados 52 homicidios por imprudencia por las muertes producidas durante la travesía debido a la falta de comida y agua, pese a que eran conscientes del riesgo extremo que suponía el viaje.
Lesiones sufridas por trece supervivientes
Otros pasajeros que fueron acusados de brujería o castigados por reclamar alimentos y agua sobrevivieron con heridas graves. Las agresiones a trece personas, declarantes como testigos protegidos, se reflejan en las actuaciones.
El TP02 sufrió un corte de cuchillo en la cabeza y golpes con un palo, presuntamente infligidos por Ismael S., Babacar N., Mamadou F., Mory B., Ibrahima D., Babacar G. y Male C. El TP06 permaneció tres días con las muñecas atadas a la espalda y recibió palos por todo el cuerpo, incluidos golpes en la boca que le fracturaron cuatro dientes. También fue puesto en contacto con gasoil, lo que le causó cicatrices en nalgas, muslo y muñeca, y requirió atención de dermatología y odontología.
El TP07, acusado de ser «brujo», fue maniatado y amordazado durante dos días, además de ser golpeado con un palo y un cinturón. Presentó una quemadura en el párpado superior y marcas producidas por las ataduras. La agresión se atribuye a Babacar N., Babacar G., Mory B., Ibrahima D., Aliou B. D. y Abdoulsalam N.
El TP09 fue atado de manos durante un día por Aliou B. D. e Ibrahima D., quienes presuntamente le golpearon la cabeza con un palo y le retorcieron un dedo de la mano izquierda hasta fracturarlo. Estuvo ingresado una semana y fue valorado por cirugía plástica, además de continuar bajo seguimiento traumatológico. Su sanidad no se ha determinado.
El TP13 recibió puñetazos en el pecho y la espalda de Babacar G. y mantiene cicatrices en la mano y muñeca izquierdas. El TP14, también agredido por Babacar G., fue atado de pies y manos y tuvo una cuerda apretada contra la mandíbula durante días, hasta que otro pasajero logró soltarlo. Asimismo, fue golpeado en hombros y espalda y tardó ocho días en curar.
Otro testigo estuvo atado durante dos días por Doudou S. y Babacar G., fue golpeado con un cinturón y sufrió un corte de cuchillo en el antebrazo derecho mientras permanecía desnudo y le tiraban del pelo. El TP16 sufrió una luxación de hombro derecho después de recibir golpes con palos de Mamadou F. por pedir agua y comida.
El TP19 fue desnudado, atado y golpeado con un palo por todo el cuerpo. El TP20, que también pidió agua, recibió una puñalada en el brazo derecho y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. El TP22, presuntamente agredido por Babacar G. y Ousmane S., estuvo atado tres días, fue desnudado, golpeado con una cinta de cuero y derribado mediante un puñetazo que le aflojó un diente. Le echaron agua salada en las heridas y pasó seis días sin comer, bebiendo únicamente agua del mar.
El TP23 sufrió cortes en ambos brazos a manos de Babacar G. y Babacar N. y conserva una cicatriz de unos siete centímetros en el antebrazo izquierdo. El TP24 fue atado de pies y manos y golpeado por todo el cuerpo con palos y machetes durante dos días, sin comida ni bebida, presuntamente por Mory B., Babacar N., Ibrahima D., Assane F., Drame D., Doudou S., Abdou T. y Salif S. En el Hospital Doctor Negrín se le diagnosticó una fractura de tibia con mala unión.
Un caso sin precedentes por su gravedad
No es la primera investigación por presuntos asesinatos a bordo de una patera o un cayuco, pero sí la de mayor magnitud entre las localizadas. En El Hierro se investiga desde finales de 2024 el caso de un cayuco que llegó a La Restinga el 3 de noviembre con 207 personas, por el presunto asesinato de cuatro ocupantes a manos de siete patrones. En La Laguna, tres presuntos patrones de otra embarcación llegada a El Hierro el 28 de diciembre de 2024, con 224 personas, están en prisión por ocho asesinatos.
En 2025, la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife abrió la vía para juzgar por primera vez un asesinato cometido en un cayuco. Entre las condenas firmes por muertes ocurridas durante travesías, las penas han sido inferiores: nueve años de cárcel para los dos patrones del cayuco de la niña Eléne Habiba, donde murieron siete personas en 2021, incluido un niño arrojado por la borda, y ocho años y medio, ratificados por el Supremo, para el patrón de una patera que naufragó en 2023 cerca de Fuerteventura con 13 fallecidos.
Fuera de Canarias, el Tribunal Supremo confirmó en 2006 la condena de 40 años de prisión impuesta al patrón de una patera naufragada en Cádiz en 2003, con 37 muertos. Aquel caso fue considerado imprudencia y no violencia a bordo. No se ha localizado en España otro procedimiento con una cifra comparable de fallecimientos atribuidos a quienes gobernaban la embarcación.
Todos los investigados son de nacionalidad senegalesa, salvo Doudou S. e Ibrahima D., que son gambianos. Cerca de una veintena de supervivientes han declarado como testigos protegidos, aunque en el cayuco viajaban muchas más personas.

