La última década ha sido testigo de una notable transformación en el paisaje bancario español. Desde el estallido de la Gran Crisis Financiera en 2008, el número de bancos de tamaño significativo en España ha disminuido drásticamente de 45 a 10. Este cambio se debe principalmente a la fusión de entidades con problemas, a menudo nacionalizadas, que fueron absorbidas por bancos más sólidos. Este proceso tuvo lugar entre 2009, con la intervención de Caja Castilla-La Mancha y su adjudicación a Cajastur, y 2017, con el mismo caso para el Popular y el Santander.
El año 2020 presenció otra ronda de fusiones, con la absorción de Bankia por CaixaBank y la de Liberbank por Unicaja. A diferencia de fusiones anteriores, estas implicaban entidades más sólidas. Sin embargo, la perspectiva de bajos ingresos y un aumento de la morosidad debido a la pandemia planteó un escenario sombrío para estos bancos, una situación que finalmente no se materializó.
Los bancos españoles están experimentando un momento dulce, con beneficios en máximos históricos gracias al endurecimiento de la política monetaria para combatir la inflación. Tras años de tipos de interés ultrabajos (2014-2021), el aumento de estos ha disparado los ingresos de la banca, ya que el crédito se ha encarecido.
Sin embargo, el futuro no es tan esperanzador. En el horizonte se vislumbra una caída de los tipos de interés y un creciente aumento de los costes tecnológicos de la banca. El Banco Central Europeo (BCE) tiene previsto iniciar el ciclo de bajadas de tipos en junio, y los costes fijos de los bancos no paran de crecer, principalmente por la necesidad de invertir en tecnología para adaptarse a la revolución digital.
El Banco de España ha alertado a la banca de que parte del reciente aumento de su rentabilidad no es sostenible. El gobernador, Pablo Hernández de Cos, insistió recientemente en que la mejora del margen de intereses asociada a la subida de tipos ha alcanzado ya su punto más alto.
En este contexto, la opa hostil lanzada por el BBVA sobre el Sabadell responde a factores específicos: la inminente bajada de los tipos de interés y el aumento de los costes tecnológicos. El consejero delegado del BBVA, Onur Genç, justificó la opa por la necesidad de ganar tamaño para afrontar la digitalización.
Es probable que veamos más fusiones en el sector, aunque el margen es estrecho. Muchos bancos tienen grandes accionistas de control que no tienen intención de vender, como es el caso de bancos controlados por fundaciones de las antiguas cajas (Kutxabank e Ibercaja) o propiedad de inversores privados con grandes participaciones (Bankinter y Abanca).
En resumen, la tendencia hacia la concentración en el sector bancario español parece continuar. Sin embargo, cada movimiento en este sentido tiene sus propias peculiaridades. Los bancos buscan formas de afrontar los retos y aprovechar las oportunidades que presenta la revolución digital, a la vez que se preparan para un entorno de tipos de interés más bajos.
