Aurora escapó de la explotación sexual en España y hoy acompaña a otras supervivientes

Aurora, nombre ficticio elegido por seguridad, recuerda como un punto de inflexión la ocasión en que un hombre le propuso subir a su coche en una calle que desconocía que era frecuentada por mujeres en situación de prostitución. Ella respondió simplemente: «No» y siguió caminando. Para esta joven venezolana, negarse a volver a ese mundo supuso un antes y un después.

Su salida de la explotación fue posible con el acompañamiento de FIET, una ONG dedicada a combatir la trata de seres humanos. La entidad le facilitó atención sanitaria y le mostró alternativas para iniciar la vida normal que deseaba. En el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, Aurora celebra haber recuperado su libertad y trabaja para que otras mujeres puedan hacerlo.

La joven relata que creció en Venezuela en un hogar que define como disfuncional y marcado por la pobreza. Su madre la tuvo siendo muy joven, por lo que fue criada por su abuela. Empezó a trabajar a los 15 años y, durante la crisis del país, su madre emigró. Aurora quedó en un entorno donde sufría agresiones constantes. A los 18 años abandonó su casa tras padecer violencia doméstica.

Dos años después, su madre regresó y Aurora se trasladó con ella y sus dos hermanos menores. Entonces asumió responsabilidades familiares que, según explica, no le correspondían. En un momento de graves dificultades económicas, con dos meses de alquiler pendientes y sin alimentos para sus hermanos, una chica la invitó a una fiesta. Aurora rechazó inicialmente la propuesta porque no tenía dinero, pero recibió como respuesta que ella no tendría que pagar, sino que le pagarían a ella. Aquella noche entró en la prostitución.

«Ese día hice mucho dinero. En eso no ganas mal, pero cada vez te vas fraccionando por dentro», afirma. Describe que cada encuentro sexual le hacía sentir que perdía una parte de sí misma.

Peligro en Venezuela y captación fuera del país

Aurora asegura que en Venezuela se relacionó con delincuentes peligrosos y que uno de ellos se obsesionó con ella. El hombre la acosó, llegó a golpearla y la amenazó de muerte. Ante esa situación, decidió abandonar el país. Una conocida residente en otro país caribeño le ofreció acogerla e introducirla en un circuito de prostitución, una práctica que Aurora denomina «subir» a una mujer.

Al llegar, le comunicaron que había contraído una deuda de unos 5.000 euros al cambio por emigrar y que debía saldarla prostituyéndose. Aurora denuncia que en su primer servicio sufrió una agresión sexual por parte de un cliente. Durante ese periodo, vivió situaciones que califica de muy graves y acabó consumiendo drogas y alcohol.

«Yo tenía que usar mi cuerpo como moneda de cambio para obtener ciertas cosas. Te sientes sucia, te sientes asquerosa, sientes que eres un objeto… Me hundí en drogas y alcohol».

Superviviente de explotación sexual

La joven consiguió escapar y regresar a Venezuela gracias a la relación que entabló con una de sus jefas. A su vuelta, intentaron llevarla de nuevo fuera del país. Buscó ayuda entre sus compañeras y, a través de Facebook, contactó con una persona en España.

Esteban Buch, gerente de Operaciones de FIET, señala que la pandemia de Covid impulsó la captación de víctimas de trata en el ámbito digital. Según explica, las nuevas tecnologías permiten que mujeres sean captadas y explotadas sin haber mantenido un único contacto presencial con sus tratantes. Define este mecanismo como «pesca»: alguien lanza un anzuelo en internet y cualquier persona vulnerable puede caer en él.

En el verano de 2024, cuando tenía 21 años, Aurora llegó a España. Buch sostiene que España es el primer país europeo y el tercero del mundo en demanda de prostitución. A su juicio, existe un arraigado componente cultural de consumo prostitucional, lo que ha transformado al país de territorio de tránsito en destino final para las redes de trata.

Migración y vulnerabilidad

El estudio La trata y la explotación sexual en España 2026. Una mirada desde la evidencia y la experiencia, elaborado por FIET, estima que más de 200.000 mujeres son víctimas de trata o explotación sexual en España. La organización advierte de que la prostitución tiene rostro de mujer migrante en situación de vulnerabilidad social, económica, educativa u otra.

Al llegar a España, Aurora volvió a ser informada de una deuda que, le dijeron, solo podía pagar mediante la prostitución. Fue trasladada por varias ciudades para ser explotada sexualmente. Cuenta que obtenía unos 3.000 euros semanales, administrados por sus jefes. Los proxenetas le entregaban la mitad, 1.500 euros, de los que además debía separar una cantidad para amortizar la deuda impuesta.

Durante esos meses, afrontó episodios de violencia con clientes. Relata que tuvo que pelear a puño limpio con algunos hombres, entre ellos uno que se retiró el preservativo durante una relación sexual sin su consentimiento.

«Nadie libremente vende su cuerpo y se somete a tal proceso de trauma continuo, explotación y humillación».

Loida Suárez, psicóloga

Los explotadores también la animaron a captar a otras mujeres, ofreciéndole quedarse con la mitad de lo que estas ganaran. Aurora asegura que se negó. Más adelante sufrió una sobredosis y, para entonces, ya mantenía contacto con psicólogas y trabajadoras sociales de FIET, quienes le propusieron ingresar en un piso de acogida.

Aunque estaba cerca de aceptar, comunicó a su madre que quería dejar la prostitución. Según relata, su madre le respondió que no podía hacerlo porque tenía deudas pendientes y sus hermanos necesitaban dinero. El informe de FIET apunta que el 95% de las mujeres migrantes prostituidas sostiene la economía de su familia desde España.

La ONG sostiene que las organizaciones criminales aprovechan factores como la pobreza, la exclusión social, los entornos familiares atravesados por violencia o abusos durante la infancia, la maternidad precoz y las responsabilidades familiares para captar y controlar a las víctimas.

El sentimiento de culpa y el temor a represalias por parte de los explotadores hicieron que Aurora continuara durante un tiempo en la prostitución. Loida Suárez, psicóloga de FIET, explica que muchas víctimas afrontan una vulnerabilidad psicológica extrema: deben elegir entre seguir para evitar que sus familias pasen hambre o intentar proteger su propia supervivencia. La especialista señala que las mujeres forzadas a prostituirse sufren una pérdida de identidad, autoestima y dignidad, aunque considera que estas pueden reconstruirse con una terapia adecuada.

Finalmente, Aurora aceptó la ayuda de FIET cuando el sufrimiento se volvió insoportable y uno de sus jefes quiso mantener relaciones sexuales con ella. Salió del lugar donde era explotada y se refugió en un piso de acogida del proyecto Rescatar y restaurar. Allí recibió atención psicológica, sanitaria, jurídica y social.

Después de dos años y medio de haber abandonado la prostitución, realizó dos cursos, uno de intervención social con inmigrantes y otro de mediación social. Ambos conocimientos los aplica ahora en FIET, organización que la contrató hace menos de un mes.

FIET anima a denunciar cualquier sospecha de trata o explotación sexual a través del teléfono gratuito 900 759 759, disponible las 24 horas. Aurora defiende que nadie elige prostituirse por gusto y que siempre intervienen factores externos. Actualmente agradece el apoyo recibido y acompaña a otras mujeres en sus procesos de salida de la explotación.

«Necesitas personas que te apoyen. Somos como una semilla y, si te riegan con maldad, florecerá maldad, pero, si te riegan con amor, florecerá amor», expresa.