La escasez de diésel derivada de la guerra en Irán podría seguir afectando a los conductores y a la economía hasta bien entrado 2027. La evolución del mercado dependerá, en gran medida, de la recuperación de los suministros que atraviesan el estrecho de Ormuz, según advierte la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
El organismo señala que, aunque la oferta de petróleo empezó a recuperarse en septiembre, los problemas para producir y distribuir los productos refinados mantienen una elevada tensión en el mercado. Esta situación trasciende la cotización del crudo y amenaza con repercutir en los precios, la actividad económica y la inflación.
El gasóleo continúa muy por encima de los niveles previos al conflicto
De acuerdo con el último boletín de la AIE, difundido este miércoles, los precios mayoristas del gasóleo han retrocedido desde los máximos históricos cercanos a los 220 dólares alcanzados en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, todavía se sitúan prácticamente en el doble de los niveles anteriores al conflicto y muy por encima del coste del barril de Brent.
Para la agencia, esta diferencia refleja que recuperar la producción de crudo no es suficiente si las refinerías no pueden transformarlo en combustible y los buques encuentran dificultades para transportarlo.
Las exportaciones de crudo de los productores de la región crecieron el mes pasado en 4,4 millones de barriles diarios, hasta alcanzar los 13,9 millones. Con ello, recuperaron más del 75% de los niveles registrados antes de la guerra. En cambio, las exportaciones de productos refinados avanzan a un ritmo mucho más lento: se situaron en 1,9 millones de barriles diarios, menos de la mitad de los 4,7 millones previos al conflicto.
Descenso de la disponibilidad mundial
Los ataques y los recortes de exportaciones agravan la falta de suministro
A las dificultades de distribución se añaden los ataques con drones contra refinerías rusas y la reducción de las exportaciones de algunos países asiáticos. Según la AIE, la disponibilidad global de diésel y gasóleo descendió en 1,5 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre de 2026 respecto al año anterior, y en otros 1,7 millones en el tercer trimestre.
El encarecimiento del combustible puede trasladarse al conjunto de los precios a través de los costes logísticos. Las compañías de transporte cuentan con poco margen para reducir su consumo, por lo que deben asumir el incremento de costes o repercutirlo en sus clientes.
La presión ya se está dejando notar en la demanda. La AIE calcula que el consumo mundial de petróleo caerá en 2,6 millones de barriles diarios en 2026, hasta los 102,4 millones, y que en el cuarto trimestre la contracción interanual será de 2,5 millones de barriles diarios. El diésel concentraría aproximadamente una cuarta parte de ese descenso.
La reducción del consumo puede obedecer a mejoras de eficiencia, pero también a una menor actividad empresarial y a la reducción de las operaciones de transporte. Por tanto, una menor demanda no supone necesariamente un alivio para la economía.
Menos reservas ante el aumento estacional del consumo
El mercado mundial del gasóleo pasó de acumular existencias a registrar un déficit en el tercer trimestre. El balance empeoró en alrededor de 100.000 barriles diarios, frente al superávit de 880.000 barriles diarios de un año antes y al incremento medio de 300.000 barriles diarios de los últimos cinco años.
Este escenario reduce el margen para afrontar el repunte estacional de la demanda antes del invierno. La AIE espera que las retiradas de inventarios se aceleren en octubre, cuando aumenta el consumo y las refinerías realizan sus paradas habituales de mantenimiento. La combinación de ambos factores puede acentuar la escasez mientras los suministros permanecen lejos de normalizarse.
Además, el aumento del precio del crudo y del transporte marítimo está deteriorando los márgenes de las refinerías europeas y asiáticas. Si su rentabilidad sigue empeorando, algunas instalaciones podrían recortar la producción, reduciendo todavía más la oferta de combustibles y prolongando la tensión sobre los precios, alerta el organismo.
Una recuperación parcial prevista para 2027
De cara al próximo año, la AIE prevé que el consumo mundial de petróleo aumente en unos dos millones de barriles diarios, aunque seguirá un 0,6% por debajo del nivel de 2025. También espera un repunte de la producción de las refinerías, pero considera que no será suficiente para compensar el déficit acumulado durante la crisis.
La agencia estima que el mercado del diésel volverá a presentar un superávit en el primer trimestre de 2027. No obstante, la reposición de las reservas perdidas podría demorarse. La evolución dependerá de que se recuperen las exportaciones de productos refinados desde Oriente Medio y de que disminuyan los riesgos para las rutas marítimas.
El G7 anunció el 2 de octubre que aceleraría la liberación de suministros acordados dentro de la acción colectiva de la AIE, dando prioridad al diésel. La medida podría suavizar las restricciones a corto plazo, aunque su resultado estará condicionado por el volumen disponible y la rapidez de las entregas.
Por su parte, el director de la agencia, Fatih Birol, pidió este domingo una nueva liberación de reservas para contener la subida del precio del diésel. La cuestión se debatirá en la reunión de la junta directiva de la AIE prevista para este jueves, en la que se abordará el calendario de las próximas liberaciones de reservas.
