Vitor Roque, Lamine Yamal, Fermín y Lewandowski acaban de celebrar el gol decisivo.

El fútbol posee una mágica incertidumbre que le otorga a cada partido una singularidad cautivadora. El caso del Barça que enfrentó al Mallorca en un viernes cualquiera es un perfecto ejemplo de la naturaleza impredecible de este deporte. Con un central operando como lateral derecho, un lateral derecho migrando a la izquierda, un central desempeñándose como mediocentro, un extremo zurdo fungiendo como interior derecho, y un atacante que no juega en punta, la alineación parecía ser una serie de experimentos tácticos.

En lugar del delantero centro titular, quien tomó un merecido descanso, o el delantero centro recién adquirido, un juvenil de 18 años tomó las riendas en la delantera. Este chico no es el más joven del grupo, con dos titulares habituales de 17 y 16 años respectivamente que han logrado encandilar a la afición.

En medio de todo esto, el entrenador no se encuentra en el banquillo, sino en la grada, castigado por acumular más tarjetas amarillas que 18 de sus futbolistas. En medio de estas circunstancias, el Barça enfrentó al Mallorca en un partido tan singular como el hecho de jugar en viernes.

El Barça no era un equipo irreconocible ni desconocido en sus prestaciones sobre el césped, aunque su rendimiento fue modesto y decepcionante. No es un equipo de autor, irreal y fragmentado, pero sí cuenta con un nombre y apellido que le otorga identidad, personalidad, vida, goles y genialidad: Lamine Yamal.

Lamine Yamal, el MVP del partido, comentó con sencillez sobre el gol que anotó, minimizando la importancia de su espectacular remate y resaltando la importancia de haber mantenido la portería a cero en el partido 400 de Ter Stegen, al que felicitó.

Vale la pena mencionar que Koundé ha estado más veces en la banda que en el centro, Cancelo ha demostrado ser un zurdo competente, Christensen ha mostrado una gran regularidad como pivote, Marc Guiu ha anotado tantos goles como Vitor Roque, Cubarsí es el defensa con mejor pase y Lamine Yamal ha demostrado tanto mérito que se ha vuelto indiscutible.

Ni la lesión de Raphinha en la primera mitad fue excepcional. En el día del Sevilla, se estrenó como interior derecho, también se lesionó y fue sustituido en el minuto 37 por Fermín. Esta fue una decisión forzada que se sumó a los cuatro cambios voluntarios que había dictado Xavi antes de subir a la tribuna para ver desde una cabina el juego de su equipo.

Finalmente, el cuarto partido y la cuarta victoria en el que estuvo Òscar Hernández al frente, que se permitió hablar y bromear con Javier Aguirre pese a la carga de tensión que iba acumulando el choque, fue desactivada por la genialidad de Lamine Yamal.