Desde hace más de cinco siglos, la hermandad de la sacramental del Sagrario ha mantenido la devoción del Señor en esta feligresía, un testimonio viviente de la fe perenne en la ciudad de Sevilla. En una tradición que se remonta a la época antigua, la corporación recorre la feligresía en la dominica in albis, el cierre de la octava de la Pascua, para llevar la comunión a aquellos que se encuentran impedidos y no pueden asistir a la misa.

Este año, la procesión tuvo lugar una mañana de resaca después de un sábado marcado por la final de la Copa del Rey, que enfrentó a los equipos del Athletic de Bilbao y el Mallorca. A pesar del bullicio y la euforia deportiva que ocupó el casco antiguo de la ciudad, algunos aficionados se quedaron para presenciar esta procesión que evoca las prácticas devocionales de antaño.

Las corporaciones sacramentales han jugado un papel vital en la preservación de estas tradiciones, y en los últimos años, se ha visto un aumento en el número de estas procesiones. Este resurgimiento de la devoción sacramental es un testamento de la fe vibrante y persistente en la comunidad.

La procesión comenzó a la conclusión de la eucaristía de las diez de la mañana, en un recorrido que llevó a los participantes a través de la zona más emblemática de la ciudad, incluyendo el entorno de la Catedral y el Alcázar, así como la zona del Postigo y la plaza Nueva. Estos lugares, declarados patrimonio de la humanidad, ofrecen un marco incomparable para esta manifestación de fe y devoción.

Manuel Cotrino, el párroco del Sagrario, tuvo el honor de llevar al Señor durante la procesión, y todas las hermandades de la feligresía le acompañaron en este recorrido devocional. La música estuvo a cargo de la banda municipal de Estepa, que interpretó marchas eucarísticas y composiciones dedicadas a las corporaciones cercanas en cada momento de la procesión.

La familia Santizo, un nombre familiar tanto en la sacramental como en el mundo de las cofradías, también estuvo presente en la procesión. Su presencia es un recordatorio de la fuerte conexión entre estas tradiciones devocionales y las familias que las han sostenido a lo largo de los siglos.

A pesar de la falta de luz y calor durante la Semana Santa, el sol salió para acompañar al Santísimo bajo palio por la calles de Sevilla. Esta es la primera de una serie de procesiones que continuarán hasta el cierre de la Pascua en Pentecostés, eventos esenciales para mantener la esencia de la fe y mostrar a Dios en las calles de la ciudad.

Estas procesiones son una parte integral de la vida religiosa y cultural de Sevilla, un recordatorio del papel central que la fe juega en la vida de la comunidad. A través de estas prácticas, la hermandad de la sacramental del Sagrario y otras corporaciones sacramentales mantienen viva la devoción del Señor, llevando la comunión a los impedidos y mostrando a Dios en las calles de la ciudad.