El desafío de ser autónomo frente al auge del empleo asalariado
Ser autónomo puede no ser la opción más fácil y cómoda de empleo para muchos. Los desafíos de ingresos fluctuantes, horarios irregulares, la falta de baja remunerada en caso de enfermedad y el dilema de elegir entre vacaciones o continuar facturando, son solo algunos de los obstáculos que enfrentan los trabajadores por cuenta propia. Aunque en tiempos de crisis económica, esta vía de autoocupación pudo ser una alternativa viable para algunos, en la actualidad, en medio del ‘boom’ del empleo, muchos desempleados prefieren aceptar ofertas de trabajo como asalariados antes que asumir los desafíos de ser autónomos.
Según los últimos datos publicados por el Observatori del Treball i el Model Productiu, las salidas del paro hacia el trabajo autónomo están en mínimos históricos. De cada 100 parados que encontraron un trabajo en el último trimestre, solo 4 lo hicieron como autónomos. Estas cifras reflejan la fortaleza actual del mercado laboral.
Factores que influyen en la elección de empleo
Joan Antoni Alujas, profesor de economía de la UB especializado en trabajo y ocupabilidad, señala que a medida que mejoran las expectativas económicas, la proporción de nuevos autónomos disminuye. No es que haya menos trabajadores por cuenta propia, sino que el aumento de trabajadores por cuenta de otros está disparado. Elisabeth Bach, presidenta de Autònoms-Pimec, sostiene que el colectivo de autónomos está creciendo, aunque lentamente.
La fuerte competencia entre empresas para contratar a profesionales cualificados y el creciente número de vacantes permiten que ciertos perfiles puedan negociar condiciones de trabajo más favorables como empleados. Además, los recientes altos tipos de interés y la elevada incertidumbre internacional pueden desincentivar la elección de ser autónomo.
Dani García, secretario general de UGT-CTAC, apunta que el empleo autónomo siempre ha seguido un modelo de reloj de arena, con trabajadores en condiciones óptimas, otros en situaciones precarias y una ‘clase media’ escasa. Los datos de la Seguridad Social reflejan que no es que los trabajadores por cuenta propia estén disminuyendo, sino que el empleo asalariado está creciendo de manera significativa.
En Cataluña hay actualmente 3,1 millones de asalariados y 0,56 millones de autónomos. Mientras que el colectivo de autónomos en Cataluña apenas ha aumentado un 2,1% desde 2019, los afiliados a la Seguridad Social del régimen general han crecido cinco veces más, concretamente un 11,4%.
La falta de impulso para emprender
Otro indicador que refleja la falta de interés por emprender entre los desempleados es el número de personas que capitalizan su prestación por desempleo – cobrar hasta dos años de golpe – para ganar capital y empezar un proyecto autónomo. Durante la Gran Depresión, alrededor de 30.000 parados capitalizaban su prestación para autoemplearse. Hoy, con niveles de desempleo casi iguales, esa cifra se ha reducido a cerca de 10.000 personas.
Las iniciativas empresariales que surgen ahora están más meditadas que las que surgieron durante la crisis, cuando muchos desempleados se ‘autocubrían’ ya que no había otras opciones de empleo. Según un investigador de la UB, muchos de estos proyectos tenían una alta tasa de fracaso.
El cambio en la demografía de los autónomos
El colectivo de autónomos ha experimentado cambios en la última década. Por un lado, el empleo autónomo femenino ha crecido más que el masculino en los últimos cinco años, reduciendo la brecha de género que ha marcado históricamente al colectivo.
Por otro lado, aunque el colectivo de autónomos ha aumentado en general, algunos sectores han decrecido. El caso más destacado es el del pequeño comercio. Desde la etapa precovid, Cataluña ha perdido un total de 7.098 ‘botiguers’. El auge del comercio electrónico y la posibilidad de abrir más domingos ha favorecido aún más a las grandes plataformas. García, de UGT-CTAC, lamenta que muchos comerciantes de toda la vida se hayan retirado y no haya relevo.
