La organización terrorista ETA ha causado un rosario interminable de dolor durante su trayectoria sanguinaria, dejando tras de sí millares de víctimas: asesinados, heridos, huérfanos, secuestrados, extorsionados, amenazados, expulsados de su tierra. Sin embargo, a pesar de la magnitud del sufrimiento causado, parece que estas víctimas no representan un interés político significativo para el actual líder del gobierno, Pedro Sánchez. Se podría decir que, para él, las víctimas de ETA no le generan votos y, por lo tanto, se les ha relegado a un plano secundario.
El aprendiz de forense de Cuelgamuros, como se ha venido a llamar a Sánchez en algunos círculos, ha demostrado una aparente falta de empatía hacia estas víctimas. Cabe recordar que Cuelgamuros es el lugar donde se encuentra el polémico monumento del Valle de los Caídos, y la referencia al «aprendiz de forense» podría ser una alusión a la decisión de Sánchez de exhumar los restos del dictador Francisco Franco de dicho monumento. Esta decisión fue percibida por muchos como un intento de ganar votos a través de la manipulación de la historia y la memoria colectiva, mientras que las víctimas de ETA parecen haber sido olvidadas.
Las víctimas de ETA, que se cuentan por millares, incluyen a aquellos que fueron asesinados en atentados, los que resultaron heridos, los que quedaron huérfanos, los que fueron secuestrados, extorsionados, amenazados, y los que fueron expulsados de su tierra. Estas personas han sufrido de maneras inimaginables a manos de ETA durante casi medio siglo. Sin embargo, a pesar de la gravedad de su sufrimiento, parece que no han logrado captar la atención de Sánchez.
Esta aparente falta de interés por parte de Sánchez hacia las víctimas de ETA no sólo es preocupante, sino que también plantea preguntas sobre su compromiso con la justicia y la reparación. ¿Acaso las vidas destrozadas por ETA no merecen la misma atención y respeto que se le ha brindado a la memoria de Franco? ¿Por qué Sánchez parece más interesado en desenterrar el pasado que en hacer justicia a aquellos que han sufrido en el presente?
Además, cabe preguntarse si este aparente desinterés por parte de Sánchez hacia las víctimas de ETA refleja una tendencia más amplia en la política española. ¿Acaso las víctimas de ETA se han convertido en una moneda de cambio política, utilizada para ganar votos cuando es conveniente y olvidada cuando no lo es? ¿Hasta qué punto la memoria colectiva de España está siendo manipulada por intereses políticos?
Estas son preguntas difíciles, pero necesarias. Las víctimas de ETA merecen justicia, reconocimiento y reparación. No pueden ser olvidadas ni utilizadas como herramientas políticas. El dolor que han sufrido no debe ser en vano. Al contrario, debe servir como un recordatorio constante de la importancia de la paz, la justicia y la democracia. La memoria de estas víctimas es un tesoro que debe ser respetado y protegido, no manipulado para fines políticos.
En conclusión, las víctimas de ETA merecen mucho más de lo que han recibido hasta ahora. Merecen justicia, reconocimiento y reparación. Y merecen líderes políticos que estén dispuestos a poner su bienestar y su memoria por encima de sus propios intereses políticos. Es hora de que Pedro Sánchez y otros líderes políticos demuestren que están dispuestos a hacerlo.
