Natan, Kvaratskhleia y Meret, abatidos tras ceder un empate con el Nápoles en casa ante el Génova.

El Club de Fútbol Nápoles se encuentra en una temporada caótica, plagada de controversias, un fútbol ineficaz y cambios constantes de entrenadores. A pesar de haber logrado su primer Scudetto tras la era de Diego Armando Maradona, un logro que tardó 33 años en repetirse, el club italiano se tambalea al borde del colapso. A medida que se acerca su enfrentamiento europeo contra el Barça, el club está sumido en la incertidumbre.

Su última temporada gloriosa parece un recuerdo lejano. Hace sólo nueve meses, el Nápoles estaba en la cima del fútbol italiano, dominando la Serie A. Sin embargo, ahora, tras una serie de resultados decepcionantes, entre ellos un empate en el último minuto contra el Génova, el Nápoles se encuentra a 27 puntos del líder, el Inter de Milán.

El cambio en la dirección técnica ha sido constante y desestabilizador. Walter Mazzarri, quien tomó el relevo de Rudi Garcia en noviembre pasado, fue despedido a pesar de su insistencia en que no dimitiría. Su despido se hizo efectivo el lunes, con Francesco Calzona, el actual seleccionador de Eslovaquia, tomando las riendas del equipo.

En un intento por revertir su suerte, el club italiano realizó hasta cuatro incorporaciones durante el mercado de invierno. Invirtió en el extremo belga Ngonge, el mediocentro defensivo belga Dendoncker, el centrocampista ofensivo marfileño Hamed Traoré y el lateral derecho italiano Mazzochi. Sin embargo, estos cambios no han logrado detener la crisis.

La pérdida de Luciano Spalletti, el arquitecto del éxito del Nápoles y actual seleccionador italiano, fue un golpe duro para el club. Spalletti, quien implementó un estilo táctico moderno y creativo, dejó un vacío que ni García ni Mazzarri pudieron llenar. Ahora, Calzona es la tercera opción en una temporada que parece un carrusel sin fin de cambios de entrenadores.

La salida de Victor Osimhen, la estrella del equipo, también parece inminente. Osimhen, quien anotó 26 goles en 32 jornadas en la pasada temporada, ha expresado su deseo de jugar en equipos más grandes. A sus 25 años, el delantero nigeriano está listo para dar el salto a ligas más competitivas, con el Paris SG como posible destino tras la inminente salida de Mbappé.

El club se ha visto obligado a considerar opciones de reemplazo para Osimhen. Santiago Giménez, delantero mexicano del Feyenoord, y Joshua Zirkzee, goleador belga del Bolonia, están en la mira del club. Sin embargo, la salida de Spalletti y la posible partida de Osimhen podrían ser golpes demasiado duros para el Nápoles.

También ha habido controversia en torno a Zielinski, otra de las estrellas del equipo. Zielinski ha sido apartado del equipo por el dueño del club, Aurelio Di Laurentiis, después de que se descubriera que estaba negociando un traspaso al Inter. Zielinski no ha sido inscrito para la Champions, lo que significa que no podrá jugar contra el Barça.

En medio de esta marea de problemas, Mazzarri ha probado hasta cuatro formaciones tácticas diferentes en un intento por encontrar una solución. Sin embargo, ninguna ha logrado dar estabilidad al equipo. A pesar de todo, el Nápoles tiene la esperanza de que Osimhen, que ha estado ausente en varios partidos por lesión y compromisos internacionales, pueda reforzar el ataque del equipo en su próximo partido contra el Barça.

La temporada actual del Nápoles es un fuerte contraste con su éxito en la Serie A hace sólo nueve meses. Con múltiples cambios de entrenadores, la posible salida de su estrella y una serie de malos resultados, el club se encuentra en una de las peores temporadas de su historia. Aún así, con 14 jornadas por jugar en la Serie A, queda por ver si el Nápoles puede encontrar una forma de cambiar su suerte y volver a la élite del fútbol italiano.