Los habitantes de Hazle Township, una pequeña localidad del noreste de Pensilvania, mantienen una intensa oposición al proyecto de construir un enorme complejo de centros de datos destinado a Amazon. La disputa se ha convertido en un ejemplo de la creciente resistencia ciudadana en Estados Unidos contra unas infraestructuras esenciales para el auge de la inteligencia artificial.

10.000 dólares por vivienda y 165 millones para el municipio

Nate Eachus califica de «soborno» la propuesta de 10.000 dólares, algo menos de 9.000 euros, que la empresa ha ofrecido a cada domicilio de Hazle Township. La compañía NorthPoint también ha planteado destinar 165 millones de dólares —148,3 millones de euros al cambio— a proyectos y becas para este municipio de apenas 10.000 habitantes.

La oferta llegó después de que la movilización vecinal lograra que las autoridades rechazaran el proyecto, denominado Project Hazelnut. El plan contempla quince plantas de procesamiento de datos situadas entre áreas residenciales. NorthPoint ha recurrido la decisión ante los tribunales.

Eachus, antiguo jugador de los Kansas City Chiefs de la NFL, sostiene que el intento de compensar a los residentes con dinero ha generado rechazo. «La comunidad se ha opuesto», afirma, convencido de que los vecinos no aceptarán la instalación del centro de datos.

Ruido, agua, electricidad y temor por el valor de las viviendas

Los residentes enumeran varias razones para rechazar el complejo: el ruido de los procesadores, el elevado consumo de agua en una zona con problemas de abastecimiento, la presión sobre la red eléctrica, el impacto ambiental y la posible pérdida de valor de las propiedades. Consideran que no es comparable vivir rodeado de bosque que tener una instalación de este tipo junto a casa.

NorthPoint rechaza estas críticas y asegura que cumplirá la normativa medioambiental. La empresa promete cientos de empleos para la población, compara el ruido previsto con el de «un lavavajillas en la habitación de al lado» y afirma que está construyendo el futuro digital de forma responsable, poniendo en primer lugar a la comunidad de Hazle Township.

El precedente de la industria minera

Shawn Yearick, otro vecino, explica que el pasado minero de la zona alimenta el escepticismo. Recuerda que aquella industria prometió empleos y prosperidad, pero dejó problemas de seguridad, muertes y enfermedades entre trabajadores antes de desaparecer. Por ello, desconfía de las promesas de una nueva industria que asegura que mejorará la vida de la población.

Yearick considera que la compensación de 10.000 dólares es un insulto. Durante una sesión pública del Consejo de Supervisores, la asistencia superó el aforo. Aunque el asunto tratado era un cambio regulatorio para permitir almacenes en una gran parcela, los vecinos sospechaban que podría acabar destinada a centros de datos. Los tres supervisores votaron en contra de la modificación, una decisión recibida con aplausos.

John Zola, otro de los residentes movilizados, teme por su pequeña explotación de unos 300 manzanos y por el bosque próximo a su vivienda. Por esa zona está previsto el trazado de una línea de alta tensión para abastecer a Project Hazelnut, lo que podría derivar en la expropiación de su terreno. Zola sostiene que los 10.000 dólares fueron una medida desesperada ofrecida después de la denegación del permiso y denuncia que la empresa se beneficiaría de diez años de exenciones fiscales.

Un conflicto con impacto político antes de las legislativas

La oposición a los centros de datos se extiende por localidades de Arizona, Virginia, Ohio y Míchigan. En un país profundamente polarizado, se trata de una de las cuestiones capaces de reunir a votantes republicanos y demócratas.

Zola señala que el 90% de los vecinos de su zona son republicanos, pero advierte de que apoyarán a cualquier candidato que se oponga al centro de datos. Los republicanos se juegan sus mayorías en el Congreso en las elecciones del 3 de noviembre. Según las encuestas, si pierden poder, los demócratas dificultarán los dos años restantes del mandato de Donald Trump en la Casa Blanca.

Christopher Borick, profesor de Ciencias Políticas del cercano Muhlenberg College, considera que la oposición a estas instalaciones gana fuerza en todo el país, especialmente en territorios como Hazle Township. A su juicio, los republicanos pueden resultar más perjudicados al ser el partido que controla el poder, pues esta cuestión puede irritar a sus votantes y movilizar a los demócratas.

El rechazo crece en las encuestas

En 2025, un sondeo de Heatmap reflejaba una división casi equilibrada: el 44% de los estadounidenses apoyaba construir centros de datos y el 42% se oponía. Un estudio posterior de ABC News/Washington Post/Ipsos sitúa ahora el rechazo en el 66%, porcentaje que asciende al 72% cuando la instalación se proyecta en la propia comunidad de los encuestados.

Trump, que defiende la inteligencia artificial como un asunto de seguridad nacional y una carrera estratégica frente a China, ha afirmado que «quien gane en IA, ganará». Ante las protestas por estas infraestructuras, también ha propuesto que los afectados reciban «dividendos» de los proyectos.

Información de NorthPoint frente al escepticismo vecinal

NorthPoint organizó una sesión informativa en una escuela local para exponer las ventajas de su propuesta. Algunas asistentes, como Jo Gulvas y Doriana Delorbe, valoraron positivamente las compensaciones y el compromiso declarado por la empresa. Gulvas consideró acertada la oferta de 10.000 dólares. Sin embargo, ambas reconocieron que no viven en Hazle Township, junto a la ciudad de Hazleton, y que su opinión podría ser distinta si el complejo se construyera frente a sus viviendas.

La mayoría de los asistentes recorrió los paneles informativos con desconfianza. Varios vecinos cuestionaron las cifras presentadas, reprocharon a la empresa haber actuado con secretismo y señalaron que este tipo de proyectos genera pocos empleos permanentes.

El conflicto se desarrolla en un contexto de creciente desconfianza hacia la IA, de advertencias sobre sus posibles consecuencias y de una desigualdad cada vez mayor en Estados Unidos. Mientras el megacentro de Hazle Township alimentaría el auge de la inteligencia artificial, los residentes se preguntan qué beneficios recibirán ellos a cambio de asumir sus posibles efectos negativos.