ESP: los dos accidentes que impulsaron un avance decisivo para la seguridad vial

El Programa Electrónico de Estabilidad (ESP), considerado uno de los grandes avances de la seguridad del automóvil junto al cinturón de seguridad, es hoy obligatorio en los coches nuevos. Su origen, sin embargo, estuvo ligado a dos incidentes que cambiaron el rumbo de su desarrollo y extendieron su implantación.

Del derrape en Suecia a la creación del ESP

El control de estabilidad fue desarrollado por Bosch en 1995 en cooperación con Mercedes-Benz y llegó al mercado en el Mercedes-Benz Clase S con el nombre de Elektronisches Stabilitätsprogramm, o ESP.

La historia se remonta a 1989, durante unas pruebas invernales de Mercedes-Benz en una carretera helada de Suecia. El joven ingeniero Frank-Werner Mohn perdió el control de su vehículo, derrapó y terminó en una cuneta. Solo, tuvo que recorrer varios kilómetros a pie hasta el pueblo más próximo. Durante aquella caminata entendió que la electrónica podía evitar situaciones como aquella.

De la tecnología ABS al control de la trayectoria

El ABS, el sistema antibloqueo de frenos, acababa de introducirse en el mercado. Mohn planteó ir más allá: un sistema capaz de interpretar el ángulo de giro del volante y la trayectoria real del vehículo para corregir las desviaciones. A su vuelta a Stuttgart, propuso que un ordenador de a bordo se comunicara con el ABS y aplicara impulsos de frenado en cada rueda para recuperar el control del coche en caso de derrape.

Mercedes dio luz verde al proyecto. El primer gran desafío consistía en medir con precisión los movimientos del vehículo, para lo que eran necesarios giroscopios. Mohn compró un helicóptero teledirigido, lo desmontó y extrajo su giroscopio. Aunque aquel sistema funcionaba, no ofrecía la precisión ni la rapidez requeridas. El equipo recurrió después a giroscopios empleados en misiles balísticos soviéticos, una tecnología que resultó fundamental en el nacimiento del ESP.

Dos años más tarde se desarrolló un prototipo funcional que fue probado sobre hielo. En esas pruebas, uno de los directores del equipo de Mercedes logró, pese a la superficie extremadamente resbaladiza, acercarse a la velocidad de los pilotos de ensayo.

A partir de 1992, el desarrollo ganó velocidad mediante la colaboración con Bosch. Un equipo de 30 personas trabajó junto a los ingenieros de Mercedes, en un proyecto conjunto entre ambas compañías.

Previamente, Bosch había desarrollado junto a BMW y Continental un sistema para reducir el par motor y prevenir la pérdida de control. Se aplicó en sus modelos de 1992, salvo en los E30 y E36, y podía solicitarse con el paquete de invierno.

En 1995, el ESP quedó finalmente listo y fue presentado a la prensa en un Clase S Coupé en Arjeplog, Suecia. Era equipamiento de serie en las versiones V12 y opcional en las V8. Meses después, también se incorporó al sedán Clase S y al SL. Por su elevado coste y complejidad, Mercedes lo reservó inicialmente a sus clientes de gama alta, con la previsión de llevarlo gradualmente a modelos más accesibles.

El vuelco del Clase A que aceleró su expansión

El segundo episodio clave llegó en 1997. La revista sueca Teknikens Värld sometió al recién presentado Mercedes-Benz Clase A W168 a la conocida prueba del alce, una maniobra de evasión de obstáculos similar a un eslalon corto y muy popular en Escandinavia. El coche volcó y sufrió daños importantes, aunque no hubo heridos.

El resultado provocó un escándalo y dejó a Mercedes en una situación comprometida. La marca detuvo las ventas y dejó de permitir a los periodistas probar el vehículo tal como había sido lanzado. Para corregir el problema, la firma de Stuttgart modificó la configuración del chasis y decidió incluir el ESP de serie en todos los Clase A. Posteriormente, extendió rápidamente esta solución al resto de su gama.

Un sistema con distintos nombres y la misma función

El hallazgo de Frank-Werner Mohn no se convirtió en una tecnología exclusiva de Mercedes ni en una marca registrada. Según el fabricante, el sistema puede recibir otras denominaciones, como Vehicle Dynamic Control (VDC), Dynamic Stability Control (DSC), Electronic Stability Control (ESC) o Vehicle Stability Control (VSC), aunque su funcionamiento es el mismo.

Aquel derrape en Suecia dio paso a una tecnología que ha contribuido a salvar millones de vidas. En la actualidad, el ESP también está presente en coches urbanos de 15.000 euros y, desde 2014, es obligatorio en todos los coches nuevos.