Barraça y tangana de Enrique Ballester.

El fútbol y la previsión: El arte de predecir lo impredecible

Todos quienes seguimos el fútbol, independientemente de nuestra afiliación clubística, hemos experimentado una situación similar. Un partido de alta tensión, donde los nervios están a flor de piel y el tiempo parece moverse a un ritmo más lento de lo normal, culmina con un resultado que parece sacado de una película de Hollywood. Y luego, como si fuera la norma, aparece el típico conocido que, con una sonrisa de suficiencia, asegura que siempre supo que eso iba a pasar. Como si llevara el don de la premonición en su ADN.

En este caso, el punto de referencia es el encuentro entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich en la semifinal de la Champions League. Corría el minuto 87, el Madrid perdía 0-1 y las posibilidades de remontar parecían casi nulas. Pero ocurrió lo impredecible, el Madrid logró la remontada que muchos consideraban imposible. Al día siguiente, era habitual escuchar los comentarios de aquellos que afirmaban que siempre supieron que esto iba a suceder.

Lo curioso de este fenómeno es que estos visionarios del fútbol raramente hacen uso de su supuesto don en prever el resultado antes de que ocurra. No apuestan en las casas de apuestas, a pesar de que las cuotas para la victoria del Madrid estaban por las nubes. No, prefieren esperar a que termine el partido para revelar su presciencia.

Esta tendencia no se limita a los partidos de alto nivel. Incluso en el fútbol regional, siempre habrá alguien que te dirá, después de un partido reñido y emocional, que todo estaba «arreglado» de antemano. Pero claro, nunca te lo dicen antes del partido. Siempre después.

Esta actitud, aunque incómoda y molesta, tiene sus raíces en la naturaleza impredecible del fútbol. De hecho, es esta imprevisibilidad lo que hace que este deporte sea tan emocionante y apasionante. Aunque siempre habrá aquellos que traten de restarle méritos a los jugadores, afirmando que lo que lograron era obvio o predecible. En cierto sentido, es un medio para lidiar con la incertidumbre y la tensión que genera cada partido.

La realidad es que en el fútbol, como en la vida, la única certeza es la incertidumbre. Y aunque haya aquellos que afirmen tener el don de la premonición, la verdad es que nadie puede prever con certeza qué sucederá en el próximo partido.

Con la aparición de los expected goals, una nueva métrica que intenta determinar cuántos goles debería haber marcado un equipo en base a las oportunidades que tuvo, algunos creen que ahora tienen una herramienta más precisa para prever los resultados. Pero incluso esta métrica tiene sus limitaciones y, al final del día, lo que realmente importa es cuántos goles se marcan, no cuántos se deberían haber marcado.

Por tanto, al final del día, el fútbol sigue siendo un deporte donde lo impredecible es la norma y donde la única certeza es la emoción y la pasión que genera. Y a pesar de todos los avances en estadísticas y análisis de partidos, nada puede cambiar eso.