La muerte entre llamas de Rafa y Poli, históricos tenderos del Rastro

Tragedia en Madrid: Incendio en Cullera cobra vidas y deja heridos

En el corazón del barrio de Los Cármenes, en Latina, se encuentra la calle de Cullera. Sus características ventanas decoradas con ropa tendida, sus bloques enrejados, y sus peñas donde los vecinos disfrutan de una copa al mediodía, le otorgan un encanto único. Pero la escena que se vivió ayer fue de desolación y tristeza. En esta calle, un incendio ha cobrado las vidas de Rafael J. G. de 64 años, y su esposa y prima, Poli, de 63. Ambos eran trabajadores de la venta ambulante en mercadillos, incluido el famoso Rastro de Madrid. La vivienda en la que residían desde 1985, se convirtió en su prematuro final.

El incendio

Según los investigadores, el incendio comenzó en una instalación eléctrica, probablemente un enchufe o conexión que falló, en el salón de la vivienda. La tragedia ocurrió pasada la una y media de la madrugada del lunes. Los niños dormían, los abuelos también, y el resto de los moradores se vieron sorprendidos por un calor sofocante y el olor a quemado. La vivienda se encuentra en el número 7 de la calle de Cullera, cerca del parque de la Cuña Verde de Latina, en la planta más alta, la 12.

Las llamas devoraron rápidamente la vivienda de 90 metros cuadrados, donde las tres generaciones convivían. La Policía Nacional desalojó todas las viviendas de la finca y muchos vecinos, entre los que había parientes de las víctimas, miraban impotentes cómo el incendio consumía a sus seres queridos. Las víctimas gritaban desesperadas pidiendo ayuda, mientras reclamaban que los bomberos subieran rápidamente a rescatarlos.

Intento de rescate

En medio del caos, Ángel, de 23 años, hijo de Rafa y Poli, junto a un primo de su edad intentaron rescatar a su familia. Subieron las doce plantas entre escenas de pánico y humo, pero a pesar de sus esfuerzos, no pudieron hacer mucho. Sin equipos especiales, tuvieron que volver porque corrían peligro de sufrir quemaduras graves.

Los familiares de las víctimas se quejan de que «los bomberos se deberían haber saltado el protocolo», pero lo cierto es que los expertos en extinción de incendios no pudieron hacer más, debido al alto riesgo que presentaba la situación. «Rafa y Poli eran muy buenas personas. Llevaban toda la vida vendiendo ropa y calzado en los mercadillos», recordaba uno de los familiares.

Una gran familia en luto

La familia, de originarios de Madrid, es extensa y muy unida. José, un anciano de la familia, estaba destrozado. Sentado frente a la entrada del edificio siniestrado, relataba con lágrimas en los ojos cómo se desarrollaron los hechos. «Se conoce que ha salido algún enchufe y, cuando se han querido dar cuenta, estaban acostados ya. Han empezado a chillar y a llamar a los bomberos…».

La familia desempeñaba su trabajo en el Rastro de Madrid, en la Ribera de Curtidores y en la del Campillo del Mundo Nuevo, también en la zona de Collado Villalba; pero, asimismo, en Palencia y pueblos de Sevilla.

En el lugar del incendio, la Policía Científica continuaba trabajando. El olor a humo y la tizne en las paredes, suelos y juguetes de los niños, son un recordatorio palpable de la tragedia. Justo al lado de la puerta, destrozada a patadas por Ángel y su primo Juan, son los únicos recuerdos de que allí, hasta hace unas horas, había vida.