Una historia de esclavitud sexual y explotación en el siglo XXI: el caso de Carmen
En una pequeña localidad, donde las oportunidades laborales son escasas, Carmen (nombre ficticio) acababa de cumplir 21 años y estaba embarazada. Su vida iba a tomar un giro desafortunado cuando decidió aceptar una oferta de trabajo en España como peluquera, una decisión que la llevaría a emprender un viaje el 26 de febrero de 2016, lleno de esperanzas y sueños de una vida mejor.
A su llegada a España, la realidad fue muy diferente. Carmen fue recibida por una pareja de origen nigeriano que le retiró la documentación y la reubicó en su piso. La verdadera razón de su traslado no era trabajar como peluquera, sino para saldar una deuda que ascendía a 61.000 euros. La deuda comprendía 30.000 euros por su viaje, una cantidad similar por el viaje de su futura hija y 1.000 euros por la asistencia durante el parto.
La pesadilla de Carmen: forzada a la prostitución
Fue la mujer de la pareja quien le informó a Carmen que tendría que ejercer la prostitución para devolver el dinero, una vez que diese a luz. Carmen fue instruida sobre cómo tratar a los ‘clientes’, cuánto cobrarles y cómo llamar su atención. Además, se le informó de la necesidad de pagar otros 200 euros por el alquiler de una habitación en el piso, la misma cantidad para el cuidado de su bebé mientras trabajaba, así como los gastos de comida, gas y agua.
Carmen fue llevada a un caserón abandonado, en un camino de tierra entre Tordera y Hostalrich, y obligada a ejercer la prostitución. Normalmente trabajaba de noche, junto a otras mujeres en la misma situación. Cuando intentaba escapar o expresaba su rechazo a esta situación, la pareja la amenazaba con hacer daño a su hija.
La víctima logró pagar parte de la ‘deuda’ y el hombre incluso la acompañó a obtener su pasaporte. Sin embargo, una vez en su poder, se lo retiró para evitar que pudiera huir. En otra forma de control, solo se le permitía llamar a su madre una vez al mes, y siempre bajo la vigilancia de su captora.
En una ocasión, como castigo por no obtener suficientes ingresos, se le negó el uso de agua caliente, tanto a ella como a su bebé, y se le prohibió cocinar. A veces, lo único que le daban para comer era bollería.
Más de un año después, en mayo de 2017, Carmen finalmente logró escapar de sus explotadores. Aprovechó un momento en el que estaba sola en el piso con su captor, quien la violó y amenazó con que si contaba lo ocurrido a la mujer o a la Policía, nunca volvería a ver a su hija.
El agresor violó a Carmen en dos ocasiones más hasta que el 29 de ese mes, logró escapar y buscar ayuda en el Hospital Clínic de Barcelona. Allí se activaron los protocolos de emergencia y la Policía Nacional asumió la investigación.
La víctima es ahora un testigo protegido y la pareja está acusada de delitos contra los derechos de los ciudadanos extranjeros, trata con fines de explotación sexual y, en el caso del hombre, también un delito continuado de violación.
La Fiscalía pide una multa de 3.600 euros para la pareja, así como una pena conjunta de seis años de cárcel por explotación y otros diez años de prisión para el hombre por las agresiones sexuales. Además, también se solicita una indemnización para la víctima de 50.000 euros por daños morales y secuelas, y 12.000 euros adicionales para el hombre por violación.
El juicio comenzará el jueves, 13 de junio, en la Audiencia de Barcelona.
