Raíllo y Dovbyk, caídos en el césped de Son Moix este domingo.

El pasado fin de semana, el Girona no pudo aprovechar la oportunidad de situarse a tan solo cuatro puntos del Madrid y consolidar su plaza en la Champions. Para sorpresa de muchos, el equipo catalán cayó ante un sólido Mallorca en Palma, dejando una actuación bastante plana que distaba mucho de la versión dominante y poderosa que le había llevado a competir codo con codo con los dos gigantes de la Liga.

El bloque de Míchel mostró una mejoría en la segunda parte del encuentro, pero su arreón final no fue suficiente para evitar la derrota. Esta victoria del Mallorca no solo sumó tres puntos a su casillero, sino que también cerró una semana estelar para el equipo balear, que solo cinco días antes había logrado colarse en la final de Copa, dando un enorme paso hacia la permanencia.

Este nuevo revés supone la tercera derrota consecutiva fuera de casa para el Girona, que ha obtenido tan solo cuatro puntos de los últimos 15 posibles. Tras caer en el Bernabéu y en San Mamés, la derrota en Son Moix ha manchado la hasta ahora extraordinaria hoja de servicios del equipo catalán, que hasta enero se presentaba como uno de los equipos más sólidos de la competición.

El técnico de Girona, Míchel, incorporó tres novedades en su once inicial para el encuentro en Palma. Juanpe, Solís e Iván Martín fueron los elegidos para intentar romper el orden defensivo clásico del Mallorca, un equipo dirigido por Javier Aguirre que ya había amargado al Girona en la Copa hace poco más de un mes.

En este partido, el Mallorca logró mantener a raya al Girona con una estrategia clara: desconectar el centro del campo del equipo catalán y evitar que Savinho, una de sus principales amenazas, entrara en juego. El extremo brasileño, que había sido convocado recientemente con la selección de su país, sufrió un constante acoso y derribo en casi todas sus acciones.

El primer aviso serio del Mallorca llegó en el minuto 14, con un centro de Dani Rodríguez que acabó en el larguero tras ser palmeado por el portero del Girona, Gazzaniga. El gol del equipo local llegó tras su séptimo córner, con un disparo de Copete que acabó en la red tras una polémica asistencia de Larin, en la que el Girona reclamó un posible toque con la mano.

En la segunda parte, el Girona necesitaba un toque de atención para intentar remontar el marcador, pero fue el Mallorca el que estuvo más cerca de marcar el segundo gol. A pesar de la entrada de Stuani y del carrerón de Portu, el Girona no logró encontrar la claridad necesaria en los metros finales para revertir el resultado.

A pesar de la derrota, Míchel se mostró optimista de cara al futuro: «Nos ha faltado un pelín de agresividad en ataque y el aire también nos ha llevado a un partido incómodo. Los pequeños detalles marcaron la diferencia, pero seguimos en la lucha por esas plazas de Champions».