Emerge un nuevo foco de preocupación en la lucha contra el cambio climático: el impacto de las actividades humanas en el subsuelo profundo de la Tierra. Aunque estamos familiarizados con los efectos de nuestras acciones en las capas más superficiales del planeta, ¿qué sucede varios kilómetros bajo tierra? Un estudio internacional reciente apunta a consecuencias «dramáticas».
El informe, liderado por científicos de Suecia, Canadá, Corea del Sur y Estados Unidos, se adentra en la era del Antropoceno, un período marcado por la influencia de la humanidad en procesos naturales como el uso de la tierra, el cambio de vegetación, las emisiones de gases de efecto invernadero y el ciclo hidrológico superficial. Sin embargo, el estudio se centra en las repercusiones en el subsuelo profundo, un área que hasta ahora ha recibido poca atención.
Según los resultados publicados en la revista ‘Earth’s Future’, las actividades humanas como la extracción de agua subterránea, la producción de petróleo y gas, y la minería, han alterado significativamente los flujos de fluidos subterráneos, incluso superando los caudales naturales en sistemas de aguas subterráneas profundas a escala global.
Jennifer McIntosh, autora principal del estudio, destaca la gran influencia de los humanos en la circulación de fluidos en el subsuelo. «Observamos cómo se comparan las tasas de producción de fluidos con petróleo y gas con la circulación natural del agua y demostramos que los humanos hemos tenido un gran impacto en la circulación de fluidos en el subsuelo».
Además, las futuras estrategias para frenar el cambio climático, como la captura y secuestro de carbono, la producción de energía geotérmica y la extracción de litio, también podrían exceder la extracción actual de petróleo y agua coproducida, agravando el impacto en el subsuelo.
Este trastorno podría tener efectos duraderos en el registro geológico de la Tierra, aunque la magnitud de estos cambios sigue siendo incierta. Los científicos advierten que el subsuelo profundo alberga ciclos hidrológicos y geoquímicos complejos, junto con la vida microbiana, cuya interacción con el resto del sistema terrestre aún no se comprende completamente.
Con la producción de petróleo y gas natural, siempre hay una cierta cantidad de agua, típicamente salina, que proviene del subsuelo profundo. Este agua subterránea suele tener millones de años y adquiere su salinidad por evaporación del agua de mar antigua o por reacción con rocas y minerales del subsuelo.
Sin embargo, no solo los fluidos profundos del subsuelo están en riesgo. Las actividades humanas también pueden alterar los microbios que viven allí. Según McIntosh, los entornos microbianos, que representan aproximadamente el 15% de la biomasa total de la Tierra, pueden verse alterados por cambios en la química del agua o por la llegada de nuevas comunidades microbianas desde la superficie del planeta al subsuelo.
Por ejemplo, con la fracturación hidráulica (fracking), una técnica que se utiliza para romper rocas subterráneas con líquidos presurizados y extraer petróleo y gas, podría producirse un florecimiento repentino de actividad microbiana en formaciones rocosas profundas previamente estériles.
Ante este panorama, los investigadores enfatizan la necesidad de una gestión responsable del subsuelo para lograr una transición verde y mantener el calentamiento global por debajo de unos pocos grados. «Necesitamos utilizar el subsuelo profundo como parte de la solución a la crisis climática. Sin embargo, sabemos más sobre la superficie de Marte que sobre el agua, las rocas y la vida en las profundidades de nuestros pies», concluye McIntosh.
A pesar de los avances, quedan muchas incógnitas sobre el subsuelo profundo de la Tierra y sobre cómo se ve afectado por las actividades humanas. La investigación en estas áreas es fundamental para entender a plenitud el impacto humano en el planeta y para diseñar estrategias efectivas de mitigación del cambio climático.
Para más detalles, consulte el estudio completo en: https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2024EF004496.
