La muerte de una investigadora de 27 años por una presunta infección de peste pulmonar ha llevado a las autoridades rusas a adoptar medidas de control en la región siberiana de Irkutsk. Tres hospitales han sido puestos en cuarentena y unas 200 personas han sido sometidas a pruebas tras el fallecimiento de Daria Shipilova, trabajadora del instituto contra la peste de esta provincia.

Según medios locales, la joven rompió accidentalmente un tubo de ensayo que contenía muestras de la bacteria Yersinia pestis. Fue hospitalizada en Shelejeov y permaneció tres días conectada a un respirador, pero murió con síntomas de neumonía.

El Kremlin ha pedido calma y ha instado a atender únicamente a la información difundida por el servicio ruso de defensa del consumidor, Rospotrebnadzor. Estados Unidos, por su parte, ha solicitado a Rusia datos de forma rápida y transparente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que las autoridades rusas han identificado a todas las personas que tuvieron contacto con la fallecida, aunque todavía no han respondido oficialmente a su petición de información.

Qué es la bacteria Yersinia pestis

La peste presenta tres formas principales: bubónica, septicémica y pulmonar, que es la variante investigada en Rusia. Todas están provocadas por Yersinia pestis, un patógeno zoonótico endémico de las estepas siberianas y de Asia Central.

La bacteria se mantiene en reservorios de roedores silvestres, como marmotas y ardillas terrestres, y habitualmente se transmite por picaduras de pulgas. El catedrático de Microbiología de la Universidad de Salamanca Raúl Rivas, autor de Historia de los microbios, recuerda que esta bacteria fue responsable de la peste negra que devastó Europa durante la Edad Media.

El accidente en el laboratorio de Irkutsk

El incidente ocurrió en el Instituto Anti-peste de Investigación Científica de Siberia y el Lejano Oriente, situado en Irkutsk. Se trata de un centro de referencia altamente especializado de la histórica red rusa dedicada al estudio, vigilancia y control de Yersinia pestis, ubicado en una zona donde la peste es endémica entre los roedores silvestres.

Rivas explica que el laboratorio funciona con un Nivel de Bioseguridad 3 (BSL-3), con sistemas de contención como presión negativa continua, filtración de aire de alta eficiencia y estrictos protocolos de protección individual. Por este motivo, considera probable que el accidente se debiera a un error de manipulación, un fallo humano o un descuido operativo.

Una infección muy grave, pero de transmisión limitada

La peligrosidad de la peste pulmonar

La bacteria figura entre las más virulentas y letales conocidas. En los casos de peste pulmonar no tratados, la mortalidad puede llegar al 100%. La enfermedad puede causar la muerte entre 18 y 24 horas después por insuficiencia respiratoria aguda y shock séptico. Sin embargo, con antibióticos administrados de manera precoz, la letalidad se reduce a entre el 30% y el 50%.

El virólogo y profesor de Microbiología de la Universidad CEU San Pablo Estanislao Nistal señala que la bacteria puede provocar peste neumónica cuando alcanza el tracto respiratorio, una circunstancia que parece ser el origen más probable del caso ruso.

Esta modalidad puede transmitirse entre personas mediante la inhalación de gotitas respiratorias o aerosoles emitidos al toser o estornudar a corta distancia, normalmente a menos de dos metros. No obstante, Rivas subraya que su capacidad de contagio es muy inferior a la de virus respiratorios como el SARS-CoV-2 o la gripe, ya que exige un contacto estrecho, prolongado y sin protección con un paciente sintomático en fase avanzada.

Por qué no se considera un riesgo pandémico

Nistal es tajante al descartar una pandemia: «No». Según explica, se trata de una bacteria conocida desde hace 800 años y existen antibióticos bien establecidos para tratarla.

Rivas también considera que la posibilidad de una pandemia global es extremadamente baja. La disponibilidad de antibióticos comunes, de producción masiva y capaces de curar la infección y frenar la transmisión constituye el principal elemento de protección.

Además, la peste pulmonar tiene un periodo de incubación corto, de entre 24 y 72 horas, y una evolución clínica tan agresiva que incapacita rápidamente al paciente. Esto dificulta que los infectados puedan viajar sin síntomas y diseminar el microorganismo a gran escala. La profilaxis antibiótica para los contactos estrechos y los protocolos de aislamiento epidemiológico permiten contener los focos detectados a escala local.

Tratamiento de la peste

Al tratarse de una infección bacteriana, la peste puede combatirse eficazmente con antibióticos, especialmente si se administran durante las primeras 24 horas desde el inicio de los síntomas.

Para los casos graves o sistémicos, los tratamientos de primera línea son principalmente la estreptomicina y la gentamicina. También son eficaces las tetraciclinas, en especial la doxiciclina, utilizada tanto para tratar la enfermedad como para la profilaxis de personas expuestas.

Asimismo, pueden emplearse fluoroquinolonas como el ciprofloxacino y el levofloxacino. En complicaciones invasivas, como la meningitis por peste, se ha usado históricamente cloranfenicol por su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica.