La presidenta del Congreso, Francina Armengol.

El ritmo legislativo en España ha experimentado una notable desaceleración en el presente año. A diferencia de lo que sucedió en 2023, cuando la patronal CEOE denunciaba que el número de leyes aprobadas por las administraciones era tan abultado que sus páginas equivaldrían al peso de once vacas lecheras, el 2024 parece haber marcado un punto de inflexión en este sentido.

Esta afirmación se fundamenta en el hecho de que, en lo que va de año, solo dos leyes aprobadas por el Parlamento han llegado al Boletín Oficial del Estado (BOE). El BOE, considerado el diario oficial del gobierno español y donde se publican las leyes y otras disposiciones de carácter general, se encuentra en una especie de letargo legislativo.

Las dos leyes que han conseguido sortear el trámite parlamentario y llegar al BOE este año son: la reforma de la Constitución para retirar el término ‘disminuido’ de la Carta Magna, aprobada en enero, y la ley de enseñanzas artísticas.

El cambio en el ritmo legislativo parece aún más drástico si se considera que el Gobierno, que en el pasado fue criticado por su afición desmedida por los decretos leyes, solo ha logrado que tres de ellos lleguen al Parlamento este año. Además, uno de estos decretos fue tumbado por el Congreso, mientras que los otros dos aún se encuentran pendientes de tramitación parlamentaria como proyectos de ley.

La Ley de Amnistía: Próxima Normativa en la Lista

En el horizonte legislativo se vislumbra la ley de amnistía, que será sometida a votación definitiva en el Congreso la próxima semana. Esta normativa podría sumarse al magro balance de leyes que han llegado al BOE este año.

Esta situación de parálisis legislativa genera interrogantes sobre la eficiencia y productividad del actual Gobierno y del Parlamento. A este respecto, vale la pena recordar que las leyes son una de las principales herramientas que tiene el Estado para regular la actividad económica y social del país.

En este sentido, la reducción en el número de leyes aprobadas podría tener repercusiones no solo en el ámbito jurídico, sino también en el económico. Las leyes, además de establecer normas y obligaciones, también pueden incentivar o desincentivar ciertas actividades económicas, dependiendo de su contenido.

De hecho, las leyes pueden jugar un papel crucial en el establecimiento de las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo económico. Por ejemplo, pueden establecer las reglas del juego para los empresarios y los inversores, así como definir los derechos y obligaciones de los trabajadores y los consumidores.

Por lo tanto, la disminución en el ritmo legislativo puede interpretarse de varias maneras. Por un lado, puede ser vista como una señal de estabilidad, ya que implica menos cambios en las reglas del juego para los agentes económicos. Por otro lado, puede ser interpretada como una falta de iniciativa por parte del Gobierno para proponer nuevas soluciones a los problemas existentes.

En cualquier caso, lo cierto es que la actividad legislativa es un factor relevante a la hora de evaluar el desempeño de un Gobierno. Por tanto, la parálisis legislativa de este año será, sin duda, uno de los temas a tener en cuenta en los análisis y evaluaciones futuras del actual Ejecutivo y del Parlamento.

Así las cosas, el 2024 se presenta como un año de cambios en el panorama legislativo español. Sin embargo, aún queda por ver si esta pausa legislativa será temporal o si, por el contrario, marcará el inicio de una nueva tendencia en la forma en que se elaboran y aprueban las leyes en el país.

Por Daniel