«El arte nos redime a todos de la vulgaridad»

En la ciudad de Alburquerque, Badajoz, un contador de historias cautivó a la audiencia en el Aula de Cultura ABC. Este narrador, considerado uno de los escritores más respetados del país, es heredero de una rica tradición oral que comenzó a moldear su imaginación en su infancia, en un entorno sin libros. Su creatividad, asegura, se nutre del lenguaje popular y las ensoñaciones, entre las apariencias y las máscaras que todos llevamos por dentro. Como el inigualable Don Quijote, que era un hidalgo antes de ponerse su traje y embarcarse en aventuras extraordinarias.

Autor de ‘La última función’, su última novela, y títulos reconocidos como ‘Juegos de la edad tardía’, que le valieron los premios Nacionales de la Crítica y de Narrativa, el escritor conversó con Carlos Aganzo, director de la Fundación Vocento, sobre cómo se ve a sí mismo: como un habitante del mundo de los sueños y el arte. Y es que, según él, todos soñamos en nuestra juventud, pero con el paso del tiempo, esos sueños pueden marchitarse. Sin embargo, el arte tiene el poder de mantener vivas nuestras ilusiones y redimirnos de la vulgaridad, elevándonos por encima de nuestra condición.

El creador de ‘Lluvia fina’ compartió su visión sobre los diferentes tipos de escritores. Por un lado, están los que pueden novelar cualquier cosa, al estilo de Vargas Llosa. Por otro lado, están los que, como él, tienen un mundo más cerrado y se dedican a moler siempre el mismo grano. En su caso, ese grano es el amor. Pero no se refiere solo al amor romántico, sino al amor por la vida, por los demás, por la naturaleza… todos estos buenos sentimientos y nobles aspiraciones.

El amor, asegura, también tiene la capacidad de redimir la condición humana. Escribir, por otro lado, es una forma de darle palabras al mundo por insatisfacción. Según él, todo nace de la insatisfacción, ya que el hombre feliz no fantasea, solo el insatisfecho, porque no está a gusto en el mundo y tiene que inventar. Y ahí es donde entra en juego el amor.

Landero también reveló su relación con el teatro. En su juventud, se dedicó al mundo de la farándula y fue guitarrista flamenco. Asegura ser el único guitarrista flamenco que ha recibido premios literarios. A este respecto, recordó con humor cómo solía dar clases de guitarra a una mujer que asistió a su charla.

Landero también habló sobre el valor del humor en la literatura. Según él, hay autores que son ajenos al humor y otros que lo incorporan en su obra. El humor, dice, sirve para distanciarse, para ver las cosas desde un ángulo insólito y para evitar caer en el patetismo o la cursilería.

El aclamado escritor también compartió su método de trabajo: escribe a mano, ya que considera que es la mejor manera de concentrarse. No se trata solo de convocar la imaginación, sino los cinco sentidos. Además, expresó su admiración por Don Quijote, un personaje que no se cansa nunca de vivir y siempre está en plenitud, al igual que los niños.

Para aquellos que tuvieron la suerte de asistir a esta charla en el Círculo de Bellas Artes, la hora se les hizo corta. Sin duda, este contador de historias, este amante del lenguaje popular y las ensoñaciones, este soñador y artista, les dejó con ganas de más.