La selección española femenina de fútbol ha pasado de ser una sorpresa a convertirse en una favorita. Este equipo, que llegó a Australia y Nueva Zelanda sin generar expectativa alguna, ha demostrado su valía en el campo de juego, a pesar de enfrentar meses de dificultades fuera de él. Las futbolistas regresaron a España como campeonas mundiales, y 187 días después, alcanzaron otro logro histórico: la clasificación a los Juegos Olímpicos por primera vez. Este éxito no es fruto de la casualidad, sino del trabajo duro y la determinación.

El camino a este logro histórico estuvo lleno de desafíos. Las líderes del equipo, Alexia Putellas e Irene Paredes, tuvieron que enfrentar la presión y el ruido mediático. Fueron ellas quienes defendieron al equipo cuando se vio amenazado por las dificultades fuera del campo. La presencia de Putellas, a pesar de su lesión en la rodilla izquierda, fue esencial para mantener la moral del equipo, incluso durante su proceso de recuperación.

Montse Tomé, consciente de la importancia del liderazgo de Putellas, decidió contar con ella en la convocatoria decisiva. Esta decisión generó tensiones con el FC Barcelona, donde juega Putellas, ya que estaba en plena renovación de contrato.

La estrategia de Tomé resultó efectiva. A pesar de no estar físicamente presente en el campo de juego, Putellas estuvo en los momentos cruciales con el equipo. Como capitana, su liderazgo innato ha sido fundamental para guiar a la selección tanto dentro como fuera del campo. Con ella, todas las jugadores se sienten protegidas, especialmente Jenni Hermoso, quien ha tenido que lidiar con una presión descomunal tras lo sucedido en la ceremonia de medallas del Mundial.

El equipo que logró la clasificación olímpica es prácticamente el mismo que se coronó campeón del mundo. En su victoria contra Países Bajos (3-0), España demostró su fortaleza. A pesar de mantener el bloque principal, Tomé introdujo pequeñas variaciones en la lista para la fase final de la Nations League, incluyendo a Alba Redondo, Sheila García y Maite Oroz.

Los mayores cambios en estos meses no se produjeron en el campo, sino en los despachos. El presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, y su director deportivo, Jorge Vilda, tuvieron que abandonar sus puestos tras una serie de controversias.

En su lugar, Montse Tomé asumió la dirección técnica del equipo y Markel Zubizarreta se convirtió en el nuevo director deportivo. La llegada de Zubizarreta, junto con su segundo, Gonzalo Rodríguez, ha sido clave para mejorar la relación entre las jugadoras y la Federación. Su discreción y su conocimiento del fútbol femenino han permitido que las jugadoras se sientan escuchadas y valoradas.

De esta manera, la selección española femenina de fútbol ha logrado superar los obstáculos y alcanzar metas históricas, demostrando que su éxito no es casualidad, sino el resultado de trabajo duro, liderazgo y determinación.