Los aficionados escoceses animando a su selección en el partido inaugural ante Alemania

El apasionado patriotismo deportivo de Croacia versus la diversidad española

El fútbol no es solo un deporte; es un espejo de la vida de una nación. Este es el caso de Croacia, un país que ha pasado por tiempos difíciles pero que ha encontrado un camino hacia la unidad y la esperanza a través del amor al deporte. Dani Olmo, un futbolista español que creció y maduró en Croacia, una vez describió la dedicación de los croatas hacia su selección nacional como «un hambre competitivo increíble».

El fervor competitivo de Croacia

Según Olmo, «Para ellos, jugar con su selección es un plus. No solo con el fútbol, también en balonmano, waterpolo… Mueren por ganar». Este espíritu competitivo también se refleja en la pasión de los croatas por el fútbol. Como me dijo Mladen, un croata que conocí en Berlín, «Nadie sabe mejor que Modric o Brozovic lo que significa para nosotros que ganen. El país se para cuando juegan. No es solo fútbol».

En contraste con el fervor de Croacia, España tiene una relación diferente con su selección nacional. Aunque somos reconocidos como uno de los mejores países del mundo en cuanto a fútbol, nuestra identificación con la selección nacional es más reservada.

La identidad española en el deporte

Luis de la Fuente, entrenador de la selección española, expresó esta idea antes de un partido: «Somos el mejor país del mundo, pero debemos sentirnos más orgullosos de ser españoles». Sin embargo, cada uno siente su españolidad como le viene en gana. La historia revela que solo nos unimos cuando nos sentimos amenazados.

En mi caso, mi patria es mi cepillo de dientes y la primera página de un libro, un paseo por una ciudad desconocida o una canción de Franco Batiatto. Somos más de bufandas que de banderas.

La diversidad española frente al patriotismo croata

A pesar de las diferencias, ambos países comparten una pasión por el deporte que une a las personas más allá de las fronteras. He vivido cuatro años en Galicia, una región de España con su propia identidad cultural fuerte, y tengo amigos en Croacia. Admiro cómo los croatas viven su patriotismo igual que disfruto viendo cómo lo hace un catalán del Raval, un madrileño de La Latina o un extremeño de Almendralejo.

Es cierto que es difícil sentirse «muy español y mucho español», como diría Rajoy, con el nivel de nuestros debates políticos y nuestras tertulias deportivas. Pero también es cierto que la diversidad es riqueza.

La diversidad es riqueza

He tenido la suerte de viajar y ver cómo otras naciones viven su relación con el deporte. Ver a los escoceses cantar durante 90 minutos en un partido de fútbol, independientemente del resultado, fue emocionante. Como lo fue ver a los húngaros entonar su himno entre lágrimas después de 44 años sin jugar la Eurocopa.

Finalmente, mi patria es la gente buena que hay en todos lados. Aquella gente que me ayuda en el tren con mis billetes, con la que tomo un café en el vagón cafetería. Aquellas personas que, al igual que yo, buscan un centro de gravedad permanente, un lugar al que llamar hogar.