La música en Europa cuenta con una rica historia de estilos distintos que se entrelazan y se influyen mutuamente, creando una mezcla de sonidos y técnicas que ha dado lugar a algunas de las más grandes obras de la música clásica. Ayer, en un concierto, pudimos presenciar una fusión de estilos europeos, con especial énfasis en los estilos italiano, francés y alemán.
Este concierto se centró en la obra de tres maestros: Haendel, Bach y Kuhnau. Es interesante notar que estos compositores, a pesar de ser contemporáneos y tener una educación similar, llevaron vidas muy diferentes. Bach, por ejemplo, apenas se movió de su pequeño territorio durante toda su vida y conoció la música italiana a base de copiarla. Haendel, por otro lado, disfrutó de la música italiana durante su ‘grand tour’ por Italia (1706-1710) y pasó el resto de su vida en Londres. Pero, a pesar de estas diferencias, ambos músicos destacaron en dos instrumentos: el clave y el órgano.
Las suites de Haendel, publicadas en 1720, muestran una variedad de enfoques. Por ejemplo, la ‘Suite para clave nº2‘ en Fa mayor HWV 427 presentaba dos ‘Adagios’ de pulso laxo, en los que la melodía dominaba, y dos ‘Allegros’ donde el contrapunto era el referente, demostrando un estilo luminoso y virtuosista.
Por otro lado, la ‘Suite francesa nº5‘ en Sol mayor BWV 816 de Bach contiene danzas ‘extra’ sobre las cuatro básicas. En este concierto, se recurrió al maravilloso Christian Vater de Casal; para la interpretación de esta suite. Corti, que estaba familiarizado con este instrumento, logró extraer un sonido que recordaba al de un órgano, lo que resultó ser una sorpresa agradable para la audiencia.
La ‘Primera‘ suite de Haendel también fue notable, especialmente por su ‘Preludio’, que combinaba acordes percusivos con escalas rápidas, y su ‘Allemanda’, que presentaba una progresión armónica moderna y hasta ‘cinematográfica’.
Además de las obras de estos grandes maestros, también se presentó la obra de Kuhnau, otro compositor alemán. Aunque menos conocido que Bach y Haendel, Kuhnau fue predecesor de Bach en Leipzig y también fue muy respetado por él. En su presentación, Corti explicó que en una de las ‘Sonatas bíblicas’ de Kuhnau se interponen corales protestantes, piezas muy conocidas para la población alemana.
Por último, se presentó la pieza más conocida del programa, el ‘Concierto italiano‘ BWV 971 de Bach. En esta obra, el intérprete, con su técnica y conocimiento de la obra, logró hacer sobresalir las melodías a pesar de la densidad de las texturas.
A pesar de la falta de público debido a las restricciones de la pandemia, este concierto fue un verdadero triunfo y una demostración del rico legado musical de Europa. Los asistentes aplaudieron con entusiasmo al final de cada obra, mostrando su aprecio por la música y por el talento de los intérpretes. Una vez más, la música demostró ser un lenguaje universal que une a las personas, independientemente de su procedencia o situación.
