El reciente desacato del rey Felipe VI a la exhibición de la espada de Simón Bolívar durante la toma de posesión del presidente colombiano ha generado críticas y controversia. Analistas y expertos políticos han expresado su descontento con el rey por no haberse levantado en honor a la presentación de este símbolo histórico de la independencia latinoamericana. El foco de las críticas ha sido liderado por la ministra española Ione Belarra, quien ha exigido disculpas públicas por parte del monarca español.
Esta situación ha surgido a raíz de la ceremonia de toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien decidió incluir en la celebración la presentación de la espada de Bolívar, un acto que algunos consideran una provocación para el monarca español. La espada de Simón Bolívar es un poderoso símbolo de la lucha por la independencia de las colonias españolas en América Latina, pero su exhibición ha sido interpretada por algunos como un gesto de desafío hacia la corona española.
La figura de Simón Bolívar, apodado «El Libertador», es una figura central en la historia de América Latina, pero también una figura controvertida en la historiografía española. Algunos historiadores le atribuyen la etiqueta de traidor a España, mientras que otros cuestionan la congruencia de llamar “libertador” a un personaje que ejerció dos veces como dictador en Perú y en la Gran Colombia. Además, Bolívar es conocido por haber impuesto la censura de prensa en Perú, castigar con duras penas de prisión a quienes levantaran la voz contra su gobierno, establecer un impuesto a los indígenas por el racista hecho de serlo, y ordenar asesinar a miles de prisioneros de guerra españoles y enfermos de hospitales.
A pesar de estas críticas a su figura, Bolívar tiene monumentos en distintos lugares de España. Esto plantea la pregunta: ¿justifican estas circunstancias la actitud de Felipe VI ante la exhibición de la espada de Bolívar?
El protocolo real español estipula que el Jefe del Estado sólo se levanta ante la presencia de su igual o la bandera del Estado que visita. Sin embargo, este incidente hace pensar en las posibles reacciones si, durante las visitas de mandatarios extranjeros a España, se exhibieran espadas de figuras históricas controvertidas.
Por ejemplo, ¿qué ocurriría si se exhibiera la espada que Pita da Veiga arrebató al rey francés Francisco I en una visita de un dignatario francés? O la de Hernán Cortés durante una visita del presidente mexicano López Obrador? ¿O la de Pizarro en presencia del Presidente del Perú? ¿O incluso la de Juan de Austria si el presidente turco Erdogan visitara España? Y en caso de una visita del rey marroquí Mohamed VI, ¿sería apropiado exhibir La Tizona del Cid, la de Fernando III El Santo o la de Santiago Matamoros?
Estos escenarios hipotéticos plantean interrogantes sobre la diplomacia, el respeto al patrimonio histórico y la forma en que se celebra la historia en el escenario internacional. El incidente con la espada de Bolívar en la toma de posesión del presidente colombiano Gustavo Petro podría ser un indicador de cómo se manejarán estos asuntos en el futuro.
