La recuperación de los consensos básicos en un país tras las elecciones generales podría ser la clave para abordar problemas importantes pendientes de solución. La reciente convocatoria del Presidente del Gobierno a los líderes de los partidos políticos con representación parlamentaria y a los emergentes para discutir la defensa de la legalidad constitucional ante el desafío del independentismo catalán, es una señal de que es posible revivir el espíritu de colaboración y diálogo para superar los obstáculos que enfrentan nuestras democracias.
Este llamado a la acción por parte del Presidente del Gobierno recuerda a una convocatoria similar que tuvo lugar después del intento de golpe de Estado por parte de Tejero. En aquella ocasión, el Rey Juan Carlos convocó a los líderes políticos para que fueran conscientes del peligro que había corrido el país. En el presente, estos encuentros en la Moncloa, que habían sido desconocidos en los últimos tiempos, transmiten la sensación de que se está recuperando el diálogo y la colaboración para afrontar el mayor problema que tiene ante sí la democracia.
Esta causa necesita las ideas y el esfuerzo de todos, de los viejos partidos que desde el gobierno y la oposición hicieron la transición y nos trajeron hasta aquí, y de los nuevos partidos que inyectan savia regeneradora al sistema. Las imágenes de estos encuentros, aunque no muestran a todos juntos, también evocan otra imagen histórica, la de la firma de los Pactos de la Moncloa hace 38 años.
En 1977, España enfrentaba todos los problemas políticos, sociales y económicos posibles: ruido de sables, terrorismo, paro, inflación, reconversión industrial, fuga de capitales… y el Gobierno convocó a las fuerzas políticas, empresariales y sindicales que aprobaron importantes medidas políticas, jurídicas y económicas para hacer frente a la difícil situación del país, premisa de partida necesaria para asentar la naciente democracia.
Los Pactos de Moncloa son particularmente relevantes en el actual escenario político y económico, ya que después de ocho años, la crisis sigue muy activa y sus secuelas son devastadoras. Por eso, hoy es tan necesario como entonces que los dirigentes políticos, los empresarios y los sindicatos se unan en otro gran pacto de Estado que cree un frente común para luchar por el empleo, atajar la precariedad laboral y salarial, las desigualdades y la pobreza, emprender la regeneración democrática y acabar con la corrupción.
Estos son problemas que ningún partido o gobierno puede resolver solo, sin importar las promesas que hagan durante la campaña electoral. Después de las elecciones, los líderes deberían concentrarse en recuperar los «consensos básicos» para acabar con el estado de postración que tiene a la gente abatida y tan preocupada como lo está con el despropósito catalán que busca romper la unidad de España. No es mucho pedir.
En última instancia, la recuperación de los consensos básicos en un país tras las elecciones generales podría ser la clave para abordar problemas importantes pendientes de solución. Este llamado a la acción por parte del Presidente del Gobierno es una señal de que es posible revivir el espíritu de colaboración y diálogo para superar los obstáculos que enfrentan nuestras democracias.
