Las relaciones bilaterales entre Chile y Venezuela han experimentado turbulencias en los últimos años, con el deterioro comenzando en los últimos años del gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez. El ascenso al poder de Nicolás Maduro no trajo la armonización esperada a las relaciones bilaterales, a pesar de los esfuerzos de la entonces presidenta chilena, Michelle Bachelet.
Las relaciones se enfriaron aún más durante el segundo mandato del presidente chileno Sebastián Piñera y han permanecido en estado de congelación bajo el liderazgo del presidente Gabriel Boric, un líder de izquierda. El punto de inflexión en la relación se centró en la negación, por parte del gobierno venezolano, de la existencia de un grupo de crimen organizado conocido como el Tren de Aragua, que se ha extendido por América Latina y tiene presencia en Chile.
Las recientes declaraciones del Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Yván Gil, negando la existencia de este grupo criminal y calificándolo como una creación de los medios internacionales, han llevado a la administración chilena a adoptar medidas. En respuesta, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile ha llamado en consulta a su embajador en Caracas, Jaime Gazmuri, sin establecer una fecha específica para su regreso.
El presidente Boric, consideró las declaraciones del Canciller Gil como irresponsables y un insulto a las víctimas del Tren de Aragua. Boric reiteró su compromiso con la seguridad de los chilenos y la cooperación internacional, afirmando que la negación del problema por parte de Venezuela no es tolerable.
El llamado en consulta a Gazmuri es un esfuerzo para obtener información detallada sobre la situación en Venezuela y tomar las acciones necesarias, tanto ante el gobierno venezolano como ante organismos internacionales, para fortalecer la seguridad de los ciudadanos chilenos.
El Tren de Aragua, cuya existencia se detectó hace más de dos años en el norte de Chile, se ha transformado en uno de los grupos criminales más peligrosos en la región. Las investigaciones policiales han vinculado a este grupo con el secuestro y asesinato del teniente venezolano y asilado político en Chile, Ronald Ojeda, ocurrido en marzo.
Las tensiones se profundizaron cuando el Canciller Gil no solo negó la existencia del Tren de Aragua, sino que además ridiculizó los videos que circulan en las redes sociales donde individuos con acentos peruanos y chilenos afirman ser miembros de la organización.
La ministra del Interior de Chile, Carolina Tohá, quien está a cargo de la seguridad en el país, fue la primera en responder, afirmando que la negación de la existencia del Tren de Aragua es un insulto no solo para el gobierno y el pueblo de Chile, sino también para los pueblos latinoamericanos.
El canciller chileno, Alberto Van Klaveren, reforzó estas afirmaciones en las redes sociales, calificando el negacionismo de Venezuela como inaceptable. En respuesta, Gil afirmó que la lucha contra la delincuencia no puede basarse en una «narrativa falsa» que solo busca manchar la reputación de Venezuela y su gobierno.
Además de la tensión generada por la criminalidad, la migración descontrolada de venezolanos a los países del sur de América ha tensado aún más las relaciones entre Caracas y Santiago. A esto se suma el hecho de que el presidente Boric ha sostenido en distintos foros que las violaciones a los derechos humanos deben ser condenadas en todos los países, incluido Venezuela, sin importar la afinidad ideológica de sus gobernantes.
