La presión de la competencia, el individualismo, la mejora constante y las exigencias de los padres y de uno mismo son aspectos que forman parte del cóctel psicológico al que se enfrentan los deportistas de élite. Esta situación se ve agravada por la soledad, la presión mediática y la necesidad de jugar años de entrenamiento en solo 90 segundos. La falta de apoyo psicológico adecuado y la falta de comprensión de los problemas de salud mental en este ámbito han llevado a situaciones trágicas, como el suicidio de la esquiadora Blanca Fernández Ochoa.
En el documental «El viaje: la medalla de la salud mental», los hermanos de Blanca y otros atletas de alto nivel hacen un llamado a una mayor atención psicológica para estos líderes deportivos, cuyas luchas internas a menudo no se ven.
Pedro García Aguado, antiguo waterpolista de éxito, resume la situación: «Estamos sometidos a muchísima presión, y sin embargo a veces no somos capaces con la vida». Aguado conoció de cerca la trágica decisión del portero y leyenda de su deporte, Jesús Rollán, de quitarse la vida dos años después de su retiro.
El documental también resalta la falta de conocimiento de los trastornos mentales, incluso entre los seres queridos de los deportistas. Blanca fue diagnosticada de un trastorno bipolar después de años en los que su familia consideraba que simplemente era «rara» o que tenía un temperamento cambiante. Su suicidio ocurrió después de que dejó de estar en el centro de los focos mediáticos.
Edurne Pasabán, escaladora, es muy explícita sobre las duras consecuencias de estos desequilibrios: «Intenté quitarme la vida y no lo conseguí, soy de las personas afortunadas que no lo ha conseguido». También Rafa Muñoz, plusmarquista de 50 metros en natación, llegó al límite tras una vida de éxitos y récords inesperados.
Mientras tanto, la patinadora Sara Hurtado describe la falta de apoyo psicológico en el deporte de élite hasta hace poco tiempo: «Tienes todo el kit a tu disposición, cirujanos, doctores, fisioterapeutas, preparadores físicos… pero en el momento en que planteas un problema psicológico les cuesta muchísimo entender que es parte del trabajo».
Gemma Mengual, la gran referencia de la natación sincronizada, confiesa que durante su carrera sufrió «bajones». Sin embargo, fue una vez retirada que decidió pedir el apoyo de una psicóloga. También Carla Suárez, tenista, advierte: «Cuando menos te lo esperas, la vida te puede dar un vuelco, a nivel educativo tenemos una asignatura pendiente».
Paloma del Río, periodista de Teledeporte, ofrece una reflexión aguda que cuestiona todo este escenario de élite: «Una niña de 15 años tiene que estar en otras historias, es una manera de maltrato psicológico, especialmente con las deportistas y con las patinadoras».
La exigencia a tempranas edades no sólo llega de los padres y madres, sino del propio deportista. Hurtado y Edurne Pasabán confiesan que sacrificaban otras actividades por el entrenamiento. El piloto Carlos Sainz aconseja a los padres de los deportistas: «Marcad líneas rojas; no puedes convertir un sueño tuyo en el de tu hijo». Esta actitud de los progenitores, bienintencionada pero exigente, la describe Carla Suárez: «Mi madre me inculcó la exigencia, la disciplina y no bajar los brazos». Estos son sin duda factores de riesgo en la salud mental de cualquier persona.
