Araceli Mangas Morán: Absolutismo presidencial

El escenario político global ha sido testigo de un sorprendente cambio en las últimas décadas. Desde los púlpitos de poder en Washington y Londres hasta los parlamentos de Polonia y Hungría, una tendencia hacia el autoritarismo se ha arraigado en los corazones de las democracias occidentales. Esta tendencia ha sido normalizada de tal manera que los líderes autoritarios han comenzado a ser vistos con una especie de fascinación que cambia la estructura fundamental de las instituciones democráticas.

El ascenso de los líderes autoritarios

Líderes como Donald Trump en Estados Unidos y Boris Johnson en el Reino Unido han traído consigo un tipo particular de política populista que se ha apoderado de las democracias occidentales. La creciente popularidad de estos líderes, a pesar de su tendencia hacia políticas más autoritarias, ha llevado a un cambio en la forma en que se perciben las democracias.

El caso de Polonia, que fue una autocracia hasta 2023, y Hungría, bajo el liderazgo de Viktor Orbán, son ejemplos claros de cómo el autoritarismo ha penetrado en las democracias occidentales. También en Israel, con Benjamin Netanyahu en el poder, el autoritarismo ha encontrado un lugar en una democracia que se considera una de las más estables de la región.

En este contexto, las Cortes, que son una parte esencial de las democracias, han sido en gran medida anestesiadas. Han aceptado renunciar a su competencia de controlar la acción de gobierno en cuestiones esenciales. Este es un cambio significativo que indica una inclinación hacia el absolutismo presidencial en lugar de un sistema equilibrado de control y equilibrio.

El impacto en las democracias occidentales

La idea de renunciar a las competencias esenciales para controlar la acción del gobierno es una que va en contra de los principios fundamentales de la democracia. En una democracia, el poder debe estar equilibrado y no concentrado en una sola figura. Sin embargo, este cambio en las democracias occidentales parece indicar una tendencia hacia el absolutismo presidencial, que es una forma de autoritarismo.

Esta tendencia hacia el autoritarismo no solo es preocupante por lo que implica para las democracias en general, sino también por el impacto que tiene en el sistema de controles y equilibrios. Este sistema es fundamental para garantizar que ninguna rama del gobierno tenga demasiado poder y para mantener la democracia en funcionamiento.

Es importante recordar que el autoritarismo no es solo una cuestión de política. Tiene un impacto directo en la vida de las personas y en la forma en que se gobierna un país. La libertad de expresión, el estado de derecho, la protección de los derechos humanos y la libertad de prensa son solo algunos de los aspectos que pueden verse afectados bajo un régimen autoritario.

El futuro de las democracias occidentales

Mientras las democracias occidentales continúan fascinadas por los líderes autoritarios, es crucial reflexionar sobre el camino que estamos tomando. Si esta tendencia continúa, podríamos enfrentar una erosión continua de los valores democráticos y una consolidación de poder en manos de unos pocos.

A medida que avanzamos, es crucial que las democracias occidentales se mantengan vigilantes y firmes en su compromiso con los principios democráticos. Esto incluye mantener el sistema de controles y equilibrios, proteger la libertad de expresión y asegurar que el poder no se concentre en manos de unos pocos.

La fascinación por los líderes autoritarios es un fenómeno que no puede ser ignorado. Sin embargo, es crucial que no se normalice al punto de erosionar las instituciones democráticas que hemos trabajado tan duro para construir. Mientras avanzamos hacia el futuro, debemos esforzarnos por garantizar que nuestras democracias sigan siendo fuertes y resilientes en la cara del autoritarismo.