Una noticia positiva que quizá no se está valorando lo suficiente es la posible reincorporación del Reino Unido a la Unión Europea. El primer ministro Andy Burham ha optado por defender el regreso al proyecto comunitario como próxima plataforma electoral.

Burham trata de evitar la celebración de un nuevo referéndum. Considera que la democracia directa puede tener consecuencias difíciles de anticipar, como ocurrió en la consulta del Brexit de 2016, cuando los defensores de abandonar la UE no esperaban imponerse. Desde entonces, la salida ha dejado al Reino Unido como un país menos influyente, menos próspero y más dividido, precisamente en un contexto geopolítico marcado por potencias depredadoras y riesgos crecientes, en el que la unidad europea resulta más necesaria que nunca.

Un camino gradual hacia Bruselas

El primer ministro actúa con la astucia de un Ulises dispuesto a emprender una travesía larga y llena de riesgos. No ha anunciado de forma expresa que pretenda recuperar el estatus de Estado miembro, sino que estudia fórmulas para estrechar la relación con Bruselas y las instituciones comunitarias.

Mercado interior y unión aduanera

Entre las alternativas contempladas figuran pasos intermedios, como la pertenencia al mercado interior o a la unión aduanera. Burham sabe que el 57% de los británicos cree que el Brexit fue un error y que el 23% de quienes votaron por la ruptura se arrepiente ahora de aquella decisión.

Sin embargo, la corriente populista conserva fuerza. El partido Reform y los conservadores compiten por el espacio del nacionalismo inglés. Por ello, el primer ministro necesita impulsar una plataforma favorable a la UE que pueda integrar a otras fuerzas, entre ellas verdes, liberales y nacionalistas escoceses.

Las condiciones y el desafío europeo

El Gobierno de Londres puede negociar su exclusión de la libre circulación de personas, como hizo Irlanda, y de la moneda única, al igual que Dinamarca y Suecia. Algunas voces ya reclaman elevar las exigencias a los británicos y advierten de que Reform y los conservadores, con el respaldo de las huestes de Trump, podrían volver a romper con Bruselas.

Esta posición no tiene en cuenta la urgencia de reformar la Unión Europea y hacerla más atractiva para aquellos países que nunca debieron abandonarla. El retorno del Reino Unido supondría una victoria del espíritu europeo y una oportunidad estratégica que no debería desaprovecharse.

No obstante, ese regreso se produciría en una etapa compleja para la integración europea. La previsible llegada de más partidos antieuropeos al poder en distintas capitales nacionales podría convertir la Ítaca soñada por este Ulises de Manchester en un destino poco atractivo al final del viaje.