Un ejemplar de meloncillo, que se autoriza a cazar en Andalucía y Extremadura

El meloncillo (Herpestes ichneumon), el único representante natural de las mangostas en España, se ha convertido en el blanco de una guerra de intereses entre cazadores y algunas comunidades autónomas. Este pequeño mamífero carnívoro, reconocible por su pupila horizontal y su iris de color ámbar, se ha ganado el apodo de ‘pequeño demonio’. Actualmente, se le considera amenaza para el ganado, y por ello, su caza está siendo autorizada en algunas regiones, aunque con ciertas restricciones.

La comunidad autónoma de Extremadura fue la primera en aprobar este mes de febrero el control poblacional del meloncillo, es decir, su caza. Esto fue en respuesta a las peticiones de las organizaciones de cazadores, que se declararon «tremendamente satisfechas» con la decisión. Según un comunicado de la Federación Extremeña de Caza, esta medida es el «cumplimiento de un compromiso adquirido con el sector cinegético» tras varias reuniones entre Fedexcaza y la dirección general de Sostenibilidad de la Junta de Extremadura.

Los cazadores sostienen que la población de esta mangosta «se ha expandido considerablemente por Extremadura en las últimas décadas, ocupando todo el territorio sin control alguno». Aseguran que en Portugal, el meloncillo está considerado como especie cinegética, un hecho que, según ellos, hacía aún más inexplicable que en Extremadura no se pudiera controlar.

Enrique de Muslera, presidente de la Asociación Extremeña de Ganaderos del Reino, defiende que el meloncillo es un peligro para la ganadería. «A los corderos pequeños los ataca con frecuencia. Tanto es así que en las parideras hay que encerrar al ganado en corrales para que no pueda entrar el meloncillo. Hacen verdaderos estropicios», señala.

Después de Extremadura, Andalucía también ha autorizado recientemente la caza del meloncillo. La Junta ha activado una serie de medidas dirigidas a la «gestión y control poblacional del meloncillo en Andalucía», argumentando que la acción depredadora de este mamífero carnívoro podría causar daños en las poblaciones silvestres de otras especies y en la ganadería.

Algunos grupos, como Ecologistas en Acción o la Sociedad Zoológica de Extremadura, no están de acuerdo con estas medidas. David Prado, portavoz de la Sociedad Zoológica de Extremadura, afirma en un artículo en la revista ‘Quercus’ que “esta medida llega sin ningún dato acerca de la población de la especie en nuestra región ni la cuantía de los supuestos daños al sector ganadero que la han motivado”.

Prado también señala que no hay justificación científica para estas medidas, «si atendemos al único estudio del que se dispone sobre la especie», que fue publicado en 2004 por la propia Junta y la Universidad de Extremadura. Según este estudio, el meloncillo es excluido como sospechoso de la mayoría de los ataques a gallineros, ya que este carnívoro está activo durante las horas de luz, mientras que los daños denunciados se producían durante la noche.

Además, Prado señala que «sorprende el hecho de que la mayoría de las denuncias se localizaban geográficamente en zonas que no se corresponden con las de mayor abundancia del meloncillo».

En respuesta a estas medidas, se ha iniciado una campaña de recogida de firmas en change.org para protestar contra la caza del meloncillo. Hasta ahora, la campaña ha logrado reunir 70.000 firmas, y su número sigue creciendo.

Los hábitos alimenticios de esta especie se centran en el conejo (sobre todo, sus crías), ratas, ratones, serpientes, lagartos y lagartijas, así como algunas aves, anfibios e insectos. Un documento del Ministerio de Agricultura destaca que el meloncillo es un «encarnizado enemigo de los ofidios», por lo que «habría que resaltar el importante papel que desempeña en el control de la población de víboras». Y, a su vez, el meloncillo es uno de los platos favoritos del lince, especie que se está intentando reintroducir en amplias zonas del país.