Lewandowski celebra el gol del triunfo del Barça en Balaídos.

En un intento de sobrevivir a su presente, el equipo de fútbol del FC Barcelona se ha visto obligado a recurrir a su pasado. La reciente victoria en Balaídos, obtenida gracias a dos goles de Robert Lewandowski en los momentos cruciales del encuentro, no oculta la realidad de un equipo que parece estar colgado en la cornisa, con los pies sin un lugar seguro donde asentarse.

Xavi Hernández, con rostro atónito, presenció cómo Lewandowski, en una actuación magistral, se transformó y convirtió un control en un regate, un disparo en un clímax y dos extravagantes ‘paradinhas’ en un milagro. Un milagro que el Barça necesitaba desesperadamente.

El día de la victoria coincidió con el 50 aniversario del histórico 0-5 del Barcelona de Johan Cruyff en el Bernabéu, un tiempo en el que las rebeliones se ejecutaban lejos de las bandejas de canapés. Sin embargo, el Barça actual parece estar muy lejos de aquel equipo legendario, como lo demostró su deslucido desempeño en el campo frente al Celta.

La actuación de Barcelona fue, en palabras sencillas, un despropósito. El juego lento, previsible, indigesto y mediocre hizo que ver el partido fuera un acto de fe, o incluso de masoquismo. Un equipo que en su día fue sinónimo de juego bonito y dominante, ahora es la sombra de lo que fue.

Xavi Hernández, el hombre encargado de dirigir este equipo, parece haber perdido la capacidad de argumentar la razón detrás de la mediocridad del juego de su equipo. En lugar de eso, emplea sus minutos frente al micrófono para proclamar su amor por el club, un amor que está dispuesto a demostrar a través de donaciones monetarias. Parece que Xavi es de los que piensa que el amor se compra con dinero, y no con el respeto.

Vitor Roque, en su primera titularidad, jugó junto a Lewandowski. Ambos se interpusieron en varias ocasiones e incluso hubo un intercambio de miradas intimidantes. Lamine Yamal, siempre un oasis en el equipo, debió preguntarse por qué sus compañeros insistían en volcar el juego en las acometidas de Cancelo en el flanco contrario.

Mingueza corrió a sus anchas como si fuera un extremo de clase mundial, contando con la suerte de Cubarsí, que hizo lo que pudo jugando primero como central zurdo y luego en el perfil diestro. En el minuto 45, Lewandowski pudo dar sentido a la insistencia solitaria de Lamine Yamal, marcando el primer gol para el Barça.

Pero el Celta respondió rápidamente, y en el segundo acto, Iago Aspas logró igualar el marcador gracias a un error de Koundé, que no pudo corregir su posición a tiempo. Tras el empate, el partido parecía destinado a terminar en tablas, pero un absurdo penalti cometido por el Celta en los últimos minutos del partido dio al Barça una última oportunidad. Lewandowski, en un intento de repetir su milagro, convirtió el penalti y dio la victoria al equipo azulgrana.

El Barça de Xavi se asemeja cada vez más a un autor postrado en la cama, a merced de una admiradora desequilibrada en la novela “Misery” de Stephen King. La realidad es que, en la vida, a diferencia de los libros, no todo sale según el plan. Como dijo King, “la vida es tan jodidamente desordenada”. Y esa desordenada realidad es la que el Barça se enfrenta en la actualidad.