La omega antes que la alfa, musicalmente hablando

El concierto de la Orquesta Barroca de Sevilla bajo la dirección de Alfredo Bernardini: un viaje a través de los Conciertos de Brandenburgo

El pasado fin de semana, el mundo de la música clásica fue testigo de una experiencia sin igual. Un evento que se había estado esperando durante mucho tiempo. La Orquesta Barroca de Sevilla, una orquesta de barroco completo de singular calidad, ofreció un concierto bajo la dirección de Alfredo Bernardini. Bernardini, una figura icónica del mundo barroco y oboísta de renombre, ha estado acompañándonos con la Orquesta Barroca de Sevilla durante muchos años.

Lo que nadie esperaba era que Bernardini nos llevara en un recorrido por los conocidos ‘Conciertos de Brandenburgo‘ de Johann Sebastian Bach de una manera tan didáctica que debería ser grabada en video. Este recorrido permitió a los profesores y aficionados disfrutar viendo la rica y diversa disposición instrumental que estos conciertos atesoran, ya que prácticamente todos los instrumentos de una orquesta barroca confluyen en ellos.

Desafortunadamente, la primera parte del concierto estuvo plagada de desaciertos encadenados, principalmente debido a que gran parte del protagonismo recaía sobre la cuerda media-alta, sin duda la más débil del conjunto. Tras el descanso, la situación mejoró sensiblemente, en parte debido a que Bernardini asumió la dirección. Los amigos de la OBS dirán, como hemos mencionado anteriormente, que nuestro maestro dirige la orquesta mientras toca el oboe; y es que la cuerda de nuestra orquesta es extraordinaria, a pesar de que los miembros fluctúan con frecuencia.

La violinista Elisa Citterio es, sin duda, técnicamente y musicalmente una gran violinista. Pero tiene dos defectos según nuestra opinión: no es consciente de sus limitaciones y el postureo continuo que mantiene la lleva a inventarse un ‘staccato’ que en realidad es una tunda al instrumento en el tercer tiempo del ‘Concierto nº 1‘. Por otro lado, las trompas naturales tampoco estuvieron a la altura en este concierto. A pesar de que son difíciles de tocar, las hemos oído en esta misma obra con una afinación y coordinación bastante mejores.

Bernardini no sólo se encargó de preparar el escenario para cada uno de los conciertos sólo para los músicos que iban a tocar en él, sino que también comentó en perfecto español el sentido de estos cambios y la necesidad de recurrir a los distintos instrumentos. Gracias a esto, pudimos ver exactamente qué músicos participaban en cada concierto, lo cual es realmente maravilloso.

El ‘Concierto nº 6‘ fue el momento más patético del concierto, con las dos violistas desenrollando una interminable perorata musical sin musicalidad alguna, sin alma. Sin embargo, la intervención de Mercedes Ruiz, chelista de la OBS, y Ventura Rico, contrabajista, junto con la violagambista Johanna Rose de la Accademia del Piacere, proporcionó un guiño de brillantez en un momento de sombras.

El ‘Concierto nº 4‘ convocó de nuevo a Citterio, cuyo violín empezó a desafinar y los arpegios finales parecían más que tocados, sólo tarareados. Aquí las protagonistas fueron las flautas, que estuvieron francamente bien, y terminaron dialogando con la cuerda.

Después del descanso, el ‘Concierto nº 5‘ fue un cambio refrescante. Rossella Croce y Marcello Gatti demostraron ser intérpretes excepcionales, con una capacidad expresiva contagiosa. La interpretación de Anna Fontana de lo que probablemente sea la primera ‘cadenza‘ para teclado de la historia fue sublime.

El ‘Concierto nº 3‘ posee tres secciones de tres músicos cada una y el hecho de ver la disposición de manera física, clara y sonora fue iluminador. Finalmente, el ‘Concierto nº 2‘ fue interpretado por casi todos los instrumentos, incluyendo una trompeta barroca de ejecución dificilísima que Gabriele Cassone interpretó magistralmente.

En resumen, la segunda parte del concierto eclipsó a la primera, e incluso hizo olvidar el ‘Concierto nº 6‘. El ‘Concierto nº 2‘ llenó de luz y brillo barrocos la propuesta de Bernardini, dando un final brillante a un concierto que, aunque tuvo sus altibajos, demostró una vez más la calidad de la Orquesta Barroca de Sevilla y la maestría de Alfredo Bernardini.