Una garrapata.

El Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III confirmó la muerte de un hombre de edad avanzada en el Hospital de Salamanca por fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC). Esta enfermedad ha causado alarma en España desde 2016, cuando un hombre murió en Madrid y una enfermera que lo trató contrajo la enfermedad. Pero, ¿qué sabemos realmente sobre esta enfermedad?

Las fiebres hemorrágicas víricas (FHV) son un grupo de enfermedades causadas por virus de diferentes familias: arenavirus, filovirus, bunyavirus, togavirus y flavivirus. Son potencialmente mortales y viven en ciertos animales o insectos, como mosquitos, garrapatas y roedores. Estos vectores son responsables de transmitir la enfermedad a los humanos.

La transmisión a los humanos ocurre cuando entramos en contacto con estos animales infectados, ya sea por la picadura de un mosquito o garrapata, o mediante contacto con secreciones o excreciones de roedores infectados. La transmisión entre humanos también es posible, pero solo en el caso de ébola y marburg (filovirus), lassa (arenavirus) y Crimea-Congo (bunyavirus).

El virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC) causa brotes graves de fiebre hemorrágica viral. Su tasa de mortalidad puede llegar al 40% y se transmite principalmente a través de garrapatas. No existe una vacuna para esta enfermedad, que es endémica en África, los Balcanes, Oriente Medio y Asia. La transmisión secundaria puede ocurrir por contacto directo con el enfermo o con sus fluidos biológicos, o indirectamente por contagio a través de objetos contaminados.

Tras la picadura de una garrapata, la fase de incubación de la FHCC dura de uno a tres días, con un máximo de nueve. Si el contagio se produce por contacto con sangre o tejidos infectados, el periodo de incubación es ligeramente mayor, de cinco a seis días, con un máximo documentado de 13.

Los síntomas de la FHCC comienzan de manera súbita, con fiebre, dolor muscular, mareo, dolor y rigidez de cuello, lumbago, cefalea, irritación de los ojos y fotofobia. También pueden presentarse náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal y de garganta, seguidos de cambios bruscos de humor y confusión. Después de dos a cuatro días, puede aparecer somnolencia, depresión y debilidad, y pueden surgir otros signos clínicos como taquicardia, adenopatías (inflamación de los ganglios linfáticos) y hemorragia cutánea. Los casos graves pueden experimentar un rápido deterioro renal, o insuficiencia hepática o pulmonar repentina después del quinto día de enfermedad.

La FHCC llegó a España debido al aumento de los viajes internacionales y al riesgo de importar animales infectados, especialmente mosquitos y roedores. Algunos virus, como Lassa y Crimea-Congo (y menos probablemente Ebola y Marburg), pueden transmitirse además por inhalación de aerosoles infecciosos, lo que se debe tener en cuenta para evitar la transmisión nosocomial y para identificar a los contactos que puedan estar infectados.

Contrariamente a la creencia inicial, las fiebres hemorrágicas no son altamente contagiosas entre humanos. Las personas con mayor riesgo de infección secundaria son las que están en un contacto más estrecho con las personas infectadas, aportándoles cuidados médicos o de enfermería, y los trabajadores de laboratorio que manejan su sangre, sus tejidos u otras muestras. Por ello, es importante considerar potencialmente contagiosas las secreciones y excreciones corporales, la sangre, el semen y las muestras de tejidos de los pacientes infectados.

Desde el año 2000, la Comisión Europea ha puesto en marcha programas nacionales de vigilancia de estos virus y ha constituido la Red Europea para el diagnóstico de las Enfermedades Víricas Importadas. En España, además, se ha puesto en marcha un Programa de Vigilancia y Control de las Fiebres Hemorrágicas Virales. Estas iniciativas subrayan la importancia de mantener una vigilancia constante y estar preparados para tratar estas enfermedades a medida que emergen.