La Desatención del Mediterráneo: Una Mirada Profunda a la Política Europea
La región del Mediterráneo, a pesar de ser una parte integral de Europa, ha sido relegada a un segundo plano por las instituciones principales del Viejo Continente. Este es el argumento presentado por Shlomo Ben Ami, un reconocido diplomático y erudito que ha dedicado gran parte de su carrera a comprender los desafíos y oportunidades que presenta esta región. Ben Ami ha hablado recientemente en el I Foro Económico y Social del Mediterráneo, un evento organizado por Prensa Ibérica con el apoyo de la Fundación La Caixa.
Ben Ami, quien ha sido una de las principales figuras de la diplomacia mundial a finales del siglo XX, comenzó su intervención con un análisis de la diversidad y riqueza histórica del Mediterráneo. Sus primeras experiencias de la región se remontan a la Tánger cosmopolita, y a lo largo de su carrera ha tenido la oportunidad de conocer en profundidad la otra punta de la región, desde el corazón del conflicto árabe-israelí. Expresó su sueño de un Mediterráneo pacificado donde judíos y árabes puedan volver a construir la unidad dentro de la diversidad.
La Desatención de Europa hacia el Mediterráneo
A pesar de la rica historia y la importancia estratégica del Mediterráneo, Ben Ami sostiene que la región ha perdido interés para la Unión Europea, que se ha centrado más en los peligros potenciales que supone Rusia y la guerra en Ucrania. La ampliación de la Unión Europea hacia el este y la integración de los países del antiguo bloque comunista han absorbido gran parte de la energía de las instituciones europeas, dejando a un lado la resolución de los problemas de la cuenca del Mediterráneo.
Además, Europa ya no es el único actor interesado en potenciar el Mediterráneo. Según Ben Ami, el eje de interés se está desplazando hacia el Golfo Pérsico, con naciones que muestran cada vez más interés en comerciar y expandir su influencia en la región.
En su ponencia, Ben Ami también realizó un examen de los países del norte de África que rodean el Mediterráneo, señalando la importancia de la estabilidad de estas naciones para garantizar un frente sur seguro para la Unión Europea. Sin embargo, advirtió que estos países enfrentan una gran inestabilidad política que amenaza la seguridad de toda la región.
Libia es un claro ejemplo de esta inestabilidad. Más de una década después de la caída del dictador Gadafi, aún no se ha encontrado una solución adecuada para pacificar el país. Se ha debatido si la legitimidad del próximo gobierno debe basarse en la Constitución de 1951 de los Senussi o si debe formarse a partir de la guerra civil, una pregunta que permanece sin respuesta.
Ben Ami también examinó el estado de otras naciones norteafricanas, destacando que sólo Marruecos ha logrado mantener cierta estabilidad política. Sin embargo, ni Túnez, ni Egipto, ni Argelia han logrado construir instituciones sólidas. El dilema del mundo árabe parece ser una elección constante entre el islamismo y el autoritarismo laico.
Consciente de este panorama, Ben Ami instó a Europa a prestar más atención a los problemas del Mediterráneo y a utilizar las herramientas que tiene a su disposición para mejorar la integración regional. Sin embargo, señaló que muchos países del norte parecen no darse cuenta de que el Mediterráneo es el «patio trasero» de Europa y lo han relegado a un segundo plano.
Además, Ben Ami enfatizó la necesidad de que Europa se dé cuenta de que el mayor dilema que enfrentará en el futuro será elegir entre mantener el estado-nación o evolucionar hacia un sistema similar al de Estados Unidos. A medida que cambian las demografías y aumenta la inmigración, el gran desafío para Europa es aceptar al extranjero, una realidad que requiere una reevaluación seria de las políticas y actitudes actuales.
