El virtuoso Langlois nos ha iluminado con la fascinante historia de la familia de François Francoeur, una dinastía que durante el siglo XVIII nutrió a Francia con su música. Esta ilustre familia fue el centro del programa musical de Langlois, quién también ha dedicado un disco a los hermanos Francoeur, y otro a las ‘familias’ de Vivaldi, Leclair, y Locatelli.
El programa también incluía la música de François Couperin, otro músico de una familia distinguida, que abría y cerraba el programa con su colección ‘Naciones’ y dos de sus emblemáticas ‘Órdenes’: la ‘Francesa’ y la ‘Española’. Esta inclusión señala un interés más amplio en la super-familia de músicos que unió la música francesa con la italiana, una conexión que Couperin lideró con sus ‘Gustos Reunidos‘.
El programa comenzó con una selección de ‘La Françoise‘, que consta de una sonata en trío a la italiana seguida de una suite francesa. Estas ‘sonades’, como les gustaba llamarlas a Couperin, pretendían ser una especie de preludio a las suites francesas. De hecho, esta primera ‘Sonada’ fue la primera que compuso y la primera que fue escrita en Francia.
El conjunto musical hispano-francés estaba compuesto por una cuerda reducida a dos violines y un continuo, con la adición de la flauta de Ruibérriz y el oboe de Díaz. Langlois se unió a este conjunto, junto a Nogueira. Sin duda, estas piezas eran las más coloridas del programa.
François Francoeur, junto a su inseparable amigo François Rebel, fueron influyentes en la introducción de la música italiana en Francia. También contribuyeron a ampliar la dificultad de los requerimientos técnicos en la música gala, introduciendo técnicas de interpretación nunca antes vistas.
Langlois asumió el liderazgo con una interpretación melancólica y prerromántica, acompañado únicamente por el violín, el chelo de Ruiz y el clave de Casal. Su interpretación del ‘Adagio’ de la ‘Sonate a violon seul avec la Basse Continue nº 6′ en Sol menor del segundo libro fue especialmente destacada, con su violín Jacob Stainer de 1665, y un delicado ‘vibrato’ al final de la frase.
El programa también presentó la música de Jean-Marie Leclair, quien también compartió la pasión de Couperin por los ‘gustos reunidos’. Leclair demostró su admiración por la música italiana en su obra, y su habilidad para fusionarla con sus raíces francesas, dedicando su primera colección, la op. 7, a su maestro André Chéron.
Langlois destacó en la interpretación del ‘Concerto Op. 7 nº 5′ en La menor de Leclair, mostrando su habilidad para tocar con la misma dinámica tanto en los movimientos lentos como rápidos. Su virtuosismo y precisión fueron evidentes en su interpretación de este concierto, tocado de memoria.
Leclair, conocido por su audacia y su sólida base de inspiración, dedicó su segunda colección para violín, la op. 10, al infante español Don Felipe. La obra de Leclair, en particular el ‘Concerto nº 3′ en Re mayor que cerraba el programa, mostró claramente su admiración por Vivaldi.
Langlois, además de su habilidad con el violín, también contó con un arco de François Tourte, responsable del arco moderno. Su interpretación, junto con el resto de la orquesta, creó la impresión de un conjunto mucho más grande por la intensidad y el ahínco que le ponen sus miembros.
