La economía española ha estado cosechando resultados impresionantes en un ambiente marcado por el estancamiento europeo, los conflictos geopolíticos y la incertidumbre política. Contrariamente a la percepción tradicional, los países del sur, especialmente España, Portugal y Grecia, están experimentando la mayor expansión. Por el contrario, los países nórdicos y centroeuropeos, representados por Alemania, Austria y Finlandia, están enfrentando dificultades. Parece que su dependencia energética de Rusia y la dependencia comercial de China no han sido estrategias acertadas.
A la hora de analizar los factores que han impulsado el crecimiento económico de España por encima de la media europea en los últimos años, se encuentran aspectos positivos y negativos. Entre los puntos negativos se encuentra la debilidad de la inversión, que no ha logrado recuperar el nivel precrisis, a pesar de ser uno de los países con mayor asignación de fondos Next Generation. Se sabe que las economías con un mayor nivel de inversión productiva por ocupado son también las que tienen índices de productividad más altos, lo que a su vez conlleva a un mayor bienestar.
A pesar de la debilidad de la inversión, la productividad por hora trabajada entre el inicio de la pandemia y el 2023 ha registrado un incremento mayor de lo esperado, principalmente en el sector industrial, tecnológico y de actividades profesionales. Esto ha permitido reducir ligeramente la brecha de productividad en relación con Europa. En 2023, el PIB español se situó un 2,7% por encima del nivel que tenía en 2019. Este crecimiento se logró gracias a un incremento del número de horas trabajadas del 1% y a un aumento de la productividad del 1,7%. Sin embargo, el incremento de horas trabajadas entre 2019 y 2023 se concentró completamente en los sectores de administración pública, sanidad y educación, que no han aprovechado su expansión, derivada de la pandemia y de la ejecución de los fondos europeos, para aumentar su productividad.
Caracterizando nuestro crecimiento económico también es el buen comportamiento del mercado laboral, menos tenso que en otros países europeos, que se ha beneficiado del extraordinario aumento de la población extranjera. Entre 2019 y 2023 en España, la ocupación ha aumentado en 1,2 millones, según la EPA, de los cuales 600.000 ocupados (la mitad) son de nacionalidad extranjera no europea. La llegada de inmigración ha permitido satisfacer la gran demanda de trabajadores y, a su vez, estimular la economía a través del incremento del consumo. Este fuerte incremento de la población activa extranjera ha limitado la reducción de la tasa de paro a solo dos puntos (del 14% a finales de 2019 al 12% a finales de 2023), pero ha conseguido que España sea uno de los países con una tasa de vacantes por cubrir más bajas de Europa.
El crecimiento de los salarios ha sido más limitado que en otros países europeos debido a la abundante mano de obra. Este hecho, junto con el menor precio de la energía, explicaría el incremento de la competitividad de nuestras exportaciones, una de las principales ‘luces’ del crecimiento económico español en los últimos años. El turismo extranjero continúa mostrando un gran dinamismo, al que se suma la exportación de servicios no turísticos (consultoría, tecnología, ingeniería, servicios financieros…), que tienen un peso en el PIB español por encima incluso de los servicios turísticos. Este dinamismo se explicaría por la gran demanda de estos servicios a nivel mundial y por nuestra ganancia de competitividad basada en un menor crecimiento de los costes y una mayor disponibilidad de mano de obra. Sin embargo, para que todo esto se traduzca en un mayor bienestar del conjunto de la sociedad es necesario aumentar la formación de esta mano de obra, mejorar el nivel tecnológico y de gestión en las empresas, y que el entorno institucional, regulatorio y burocrático no sea un obstáculo para la inversión y el crecimiento empresarial.
