Imagen del compuesto que transportaba el buque Rubymar.

El pasado sábado, el buque británico Rubymar, que había sufrido graves daños en un ataque de los hutíes en el golfo de Adén cerca de Yemen y Somalia el pasado 18 de febrero, se hundió completamente en las aguas del Mar Rojo. El barco había logrado estabilizarse después del ataque, pero la estructura finalmente colapsó, provocando su hundimiento.

La embarcación transportaba alrededor de 21.000 toneladas de sulfato de amonio, un potente fertilizante. Según las declaraciones del Mando Central de los Estados Unidos en las redes sociales, el vertido de este potente químico en el entorno marino representa un «peligroso riesgo medioambiental».

El sulfato de amonio es una sal que puede variar su color de blanco a beige. El International Plant Nutrition Institute (IPNI) lo define como uno de los «primeros y más ampliamente utilizados fertilizantes para la producción de cultivos». Aunque su uso no es tan frecuente como antes, sigue siendo de gran valor para el cuidado de plantas que requieran de nitrógeno y azufre como nutrientes.

Este compuesto se utiliza especialmente en los suelos de cultivo anegados, lo que lo hace ideal para el cultivo de arroz. Por otro lado, tiene aplicaciones fuera del mundo agrícola: este compuesto está presente en el polvo de extintores y en agentes ignífugos. Tiene varias aplicaciones en la industria química, textil y farmacéutica.

El uso de sulfato de amonio en agricultura va desde un kilo a un kilo y medio por cada 1.000 metros de superficie agrícola, por lo que grandes cantidades -como la vertida en el Mar Rojo- pueden ser tóxicas para el medio ambiente.

La empresa química Arkema advierte de que, a corto plazo, el sulfato de amonio resulta «dañino para los peces, pero no para los organismos invertebrados ni las algas». A largo plazo, el químico no es especialmente peligroso, ya que se «disuelve fácilmente y no se acumula en la cadena alimentaria, puesto que las sustancias que lo componen están presentes de forma habitual en los organismos marinos».

Sin embargo, este caso es particularmente preocupante. Según Ali Al-Sawalmih, director de la Estación de Ciencias Marinas de la Universidad de Jordania, el exceso de nutrientes puede «estimular el crecimiento masivo de algas». Este proceso consume tanto oxígeno que podría hacer que otra vida marina no pudiera sobrevivir.

El hundimiento del Rubymar y la consecuente liberación de grandes cantidades de sulfato de amonio en el Mar Rojo ponen de manifiesto la fragilidad de los ecosistemas marinos y la necesidad de medidas de seguridad más estrictas en el transporte de sustancias químicas. Aunque el sulfato de amonio no se considera especialmente peligroso a largo plazo, su liberación masiva puede tener graves repercusiones en el medio ambiente.

Para prevenir futuros desastres de este tipo, será esencial una mayor regulación y supervisión de los materiales transportados por mar, así como la implementación de protocolos de seguridad más rigurosos en los buques. El caso del Rubymar sirve como un recordatorio serio de los riesgos asociados con el transporte de sustancias químicas por mar y subraya la importancia de la sostenibilidad y la protección del medio ambiente en todas las áreas de la industria y la agricultura.