Otra tarde de toros para olvidar en una Maestranza que siguen sin reconquistar

En la histórica Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla, la anticipada celebración de la festividad de San Fernando tenía a todos a la espera de la tan esperada reconquista de la Maestranza. Sin embargo, la realidad fue muy diferente. El clamoroso homenaje al Rey Santo llegó a su fin abruptamente a las tres de la tarde, cuando uno de los taquilleros de la plaza subió sobre una escalera para colgar el inminente cartel de ‘no hay billetes’. Esta fue la quinta vez en la temporada que se colocaba ese cartel, una conquista importante pero no la que muchos esperaban para ese día.

A pesar de los acontecimientos del pasado lunes, la afición sigue embriagada por los recuerdos de un toro como Florentino y un torero como Juan Ortega. Sin embargo, en esta ocasión, ni volvió a salir un toro de esa magnitud ni se vio a un torero de la talla de Ortega.

La tarde fue protagonizada por los toros de Borja Domecq, que llegaron con un viento favorable tras un comienzo de temporada exultante. Uno de los más destacados fue Picarón, el primer toro de Jandilla, cuya hermosura y equilibrio reconquistaban la plaza. A pesar de no romper a embestir, su estampa fue apreciada por todos.

Pero no todo fue color de rosa. Su saludo fue menos atractivo: frenado en el capote de Manzanares, con las manos por delante. A pesar de ello, su tranco soberbio y su calidad le dieron a Picarón la oportunidad de lanzar la moneda y apostar de primeras. Sin embargo, Manzanares optó por la corrección, con series cortas y medidas.

Otro toro que llamó la atención fue Palangrero, más grande en su chasis pero más descompuesto en su estilo. Un toro manso que recorrió todo el ruedo con Talavante siguiéndolo a todas partes. Parecía haber estado tentado en el campo, buscando el pecho del caballo y el descuido del piquero. Fue un toro tan difícil de picar como de lidiar, siempre entre brincos y sin final.

El tercio de varas de Manuel Jesús ‘Espartaco’ al tercero fue lo de mayor emoción de la tarde. Fue un momento único, con la plaza en pie y toda la afición regalándole una ovación, reconocimiento a su gallardía y habilidad.

A pesar de la calidad de Picarón y el gesto heroico de ‘Espartaco’, la tarde estuvo llena de altibajos. Otros toros como Fincalimpia, único con el hierro de Vegahermosa, y Ojilimpio, el quinto, no lograron levantar el ánimo de la afición. El cierre de la Feria de Abril de José María Manzanares se vio oscurecido por otro año en blanco, otro año preocupante.

Al final, la reconquista de la Maestranza sigue siendo un sueño lejano. La plaza, que ha sido testigo de grandes hazañas taurinas, sigue esperando por una tarde que la haga vibrar de nuevo. ¿Dónde quedaron los toros de Santiago Domecq, de El Parralejo o de Núñez del Cuvillo? Solo el tiempo dirá si la reconquista es posible.