El mundo de los monos, famosos por su intensa vida comunitaria, incluye una gama de comportamientos que reflejan su naturaleza sociable. Desde jugar y pelear hasta acicalarse mutuamente, estos animales son verdaderos ejemplos de vida en grupo. Pero, ¿qué sucede cuando su hábitat, en el interior del bosque, se ve amenazado por la deforestación humana? Un equipo de investigadores de Canadá y Estados Unidos ha descubierto que los monos alteran sus comportamientos sociales naturales y adoptan otros nuevos para asegurar su supervivencia.
Los platirrinos, un grupo de primates que incluye a las tres especies de monos estudiados, han sido objeto de análisis durante seis años. El estudio concluye que su comportamiento se ve afectado de manera similar a otros primates cuando sus entornos son deforestados. Laura M. Bolt, de la Universidad de Toronto Mississauga (UTM), explica que los primates pueden adaptarse a la tala de bosques o su población disminuye.
El equipo estudió específicamente a los monos araña centroamericanos (Ateles geoffroyi), los monos capuchinos de cara blanca (Cebus capucinus) y los monos aulladores de manto (Alouatta palliata). El entorno de estudio fue la Estación de Investigación Biológica La Suerte (LSBRS) en Costa Rica, ubicada en una selva tropical alterada antropogénicamente.
El grupo de investigación centró su atención en el comportamiento social de los primates en áreas interiores de bosque no perturbadas y lo comparó con su comportamiento en áreas taladas a lo largo del borde del bosque. Los resultados mostraron notables diferencias, indicando la influencia perjudicial de la degradación forestal causada por el hombre en los primates.
En particular, los monos araña y capuchinos mostraron cambios en su comportamiento social cuando estaban en el borde del bosque en comparación con el hábitat interior. Los monos araña, por ejemplo, participaban menos en comportamientos sociales en general en el borde del bosque, probablemente para conservar energía. Este cambio de comportamiento se atribuye a la disminución de los árboles altos y maduros, que son esenciales para su movilidad y alimentación.
Por otro lado, los monos capuchinos de cara blanca, que son bastante pequeños y vulnerables a los depredadores, mostraron comportamientos que no llamaban la atención, como vocalizar y pelear con menos frecuencia, cuando vivían en el borde del bosque. Bolt sugiere que este comportamiento es una adaptación para evitar ser vistos por los depredadores.
Sorprendentemente, los monos aulladores no cambiaron su comportamiento social independientemente de la zona del bosque en la que se encontraban. Este hallazgo sugiere que estos monos no son tan adaptables en diferentes entornos y puede ser una preocupación a largo plazo para su supervivencia.
El estudio proporciona información valiosa sobre cómo los primates se adaptan a la deforestación antropogénica. Este conocimiento puede ser útil para informar los planes de conservación y proteger a estas especies antes de que estén al borde de la extinción. Sin embargo, como señala Bolt, cualquier alteración del comportamiento de los primates causada por humanos es una preocupación de conservación y debe evitarse en aras del bienestar animal general.
El informe completo del estudio está disponible en el ‘American Journal of Primatology’ (https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ajp.23610). Para más información sobre temas de medio ambiente, puede contactar a crisisclimatica@prensaiberica.es.
