Pleno del Parlament

En una era donde la desinformación se ha entrelazado con nuestra vida cotidiana, es imposible ignorar su presencia omnipresente. El crecimiento de esta plaga virtual ha alcanzado un punto crítico en la actualidad, alimentando la desafección política y mediática de los ciudadanos. La proliferación de bulos en el ciberespacio es un tema que inquieta cada vez más a los periodistas, quienes exigen una mejora en sus condiciones económicas como antídoto para combatir este mal.

Sara González, periodista política de EL PERIÓDICO y presidenta del Col·lectiu Ciutadella, ha afirmado «Reivindicamos el oficio periodístico y su potencial transformador como dique de contención ante la desinformación». La Associació de Periodistes Parlamentaris de Catalunya ha organizado una mesa redonda para discutir este creciente problema, el cual podría amplificarse en 2024, el año con mayor cantidad de elecciones en la historia.

La profesión periodística no puede sostenerse meramente con voluntariedad; se necesita un buen soporte económico. El buen periodismo es costoso y, si queremos una sociedad libre y madura, la información debe tener un precio. «Solo así se puede reconquistar nuestra credibilidad perdida», es lo que se expresa en el manifiesto impulsado por la asociación de periodistas parlamentarios, el Col·legi de Periodistes de Catalunya y el Grup de Periodistes Ramon Barnils.

Los participantes en la charla han señalado tanto a los medios de comunicación como a las redes sociales como las principales fuentes de desinformación. Jordi Morales, sociólogo, profesor y analista digital, ha señalado que «aunque la totalidad de las noticias que circulasen fuesen ciertas, solo el hecho de informarnos a través de cámaras de eco generaría desinformación. Estamos ante la fractura de la esfera pública como la habíamos conocido».

Además de mejorar las condiciones económicas de los periodistas, los participantes han destacado la necesidad de una legislación que regule los bulos, la responsabilidad de los ciudadanos de tener una «dieta informativa sana» y la necesidad de que los representantes públicos hagan «política responsable», sin alimentar la controversia. Alba Tobella, cofundadora de la plataforma de fact-checking Verificat, ha explicado que «es reduccionista pensar que la desinformación solo viene del populismo. Se falta a la verdad desde todos los partidos políticos».

Los asistentes a la charla también han señalado la necesidad de rechazar el término fake news (noticias falsas), popularizado por el expresidente estadounidense Donald Trump. Consideran que la veracidad debe ser una condición fundamental de toda información publicada por un medio de comunicación. Joan Maria Morros, decano del Col·legi de Periodistes de Catalunya, ha remarcado que «como concepto es un oxímoron porque el código deontológico nos obliga a acercarnos a la realidad con la máxima honestidad posible».

En suma, el esfuerzo conjunto de periodistas, legisladores, ciudadanos y representantes públicos es esencial para combatir la desinformación. Es una tarea ardua que requiere la participación de todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, es un desafío que debemos afrontar si queremos mantener la salud de nuestra esfera pública y la integridad de nuestra democracia.