La ciencia y la empresa: un matrimonio que cambia el juego
La ciencia y la empresa son dos entidades que se complementan mutuamente y deben trabajar juntas para crear innovaciones revolucionarias. Esta es la creencia de Javier García, emprendedor y catedrático de química inorgánica en la Universidad de Alicante. García ve la unión de la ciencia y los negocios como una oportunidad única para abordar y resolver desafíos importantes en el mundo.
En palabras de García, ser científico y empresario es una experiencia maravillosa. Así lo manifestó durante su intervención en el I Foro Económico y Social del Mediterráneo, un evento organizado en Valencia por Prensa Ibérica en colaboración con la Fundación ‘la Caixa’. «Como científico, se pueden abordar retos, y, como empresario, llevarlos a cabo en el mercado», señaló.
García contrarrestó la creencia popular de que ser científico y empresario es incompatible, citando a empresas basadas en la ciencia como Open AI y Nvidia, que fueron fundadas por científicos destacados y que están cambiando el juego en sus respectivos campos.
La ciencia como motor de cambio y oportunidad
García destacó el papel crucial que desempeña la ciencia en la transformación de la industria. «Lo que pasa en un laboratorio, en cuatro días cambian industrias enteras», afirmó. Citó el descubrimiento de un nuevo superconductor y una supernova gracias a la inteligencia artificial como ejemplos del poder de la ciencia para resolver problemas y crear oportunidades de negocio.
La pandemia de Covid-19 también sirvió para ilustrar cómo la ciencia puede proporcionar soluciones rápidas y eficaces a problemas urgentes. García mencionó cómo los científicos pudieron decodificar el ADN del coronavirus en solo una semana y desarrollar una vacuna en cuestión de meses, una hazaña que, en su opinión, demuestra que «nunca ha habido un tiempo mejor para ser científico».
Para García, el recurso más valioso en cualquier organización son las personas. Instó a las administraciones públicas y a las empresas a abandonar su zona de confort, a eliminar la burocracia y a no enfocarse únicamente en la próxima junta de accionistas. En su lugar, sugirió que deberían fomentar una mayor colaboración y cambiar las reglas del juego a través de asociaciones público-privadas.
García también abogó por hacer frente a las rigideces de la universidad y cambiar un modelo de gobernanza en el que las decisiones las toman los reinos de taifas. Sugirió que, en la era de internet, el conocimiento más valioso no está necesariamente en las universidades, sino en línea. «Se puede escuchar a un premio Nobel desde casa, ¿por qué los alumnos tienen que venir a mis clases?», cuestionó.
En cuanto a la posición de España en el campo de la ciencia, García aseguró que el país se encuentra en la primera división. «Estamos en el puesto décimo primero en publicaciones y citas, una posición muy por encima de la que ostentamos en el ránking de producto interior bruto (PIB) mundial», declaró. No obstante, instó a impartir una educación cada vez más humanista a medida que la sociedad se vuelve más tecnológica.
García recordó una anécdota de una visita a China hace diez años, donde un profesor veterano le contó su sueño de posicionar a una universidad china entre las más prestigiosas del mundo. En este sentido, García señaló el resurgimiento de las universidades chinas tras su cierre en la década de 1970 y su reapertura en 1976. «Ahora, tienen siete universidades entre las más importantes del mundo», dijo el catedrático, resaltando el poder de la educación y la ciencia en el desarrollo de una nación.

