Tras casi tres años de negociaciones, la Unión Europea (UE) ha aprobado la primera ley sobre inteligencia artificial (IA) del mundo. Un hito importante que ha requerido la colaboración y el consenso de los 27 Estados miembros, quienes respaldaron el «histórico» acuerdo político alcanzado el pasado diciembre durante una reunión celebrada en Bruselas.
Aunque ha habido una aprobación unánime en el Comité de Representantes Permanentes, algunos países no ven con buenos ojos esta nueva regulación. Francia, por ejemplo, se había opuesto hasta ahora a la aprobación de la normativa. La razón principal de su oposición era una cláusula que obligaría a las empresas de IA generativa a publicar los datos utilizados para entrenar su software. Esta medida estaría destinada a evitar infracciones de los derechos de autor.
El gobierno de Emmanuel Macron veía en este nivel de transparencia una amenaza para el florecimiento de las startups europeas, como la francesa Mistral AI o la alemana Aleph Aleph, y su capacidad para competir con aplicaciones de Silicon Valley como ChatGPT o Bard. En palabras del presidente francés en noviembre, «no es una buena idea regular los modelos fundacionales más que otros países».
Países como Alemania e Italia también exigieron un marco normativo menos estricto, pero el Parlamento Europeo rechazó tales presiones. Tras el acuerdo de diciembre, a las tres mayores economías de Europa solo les quedaba tratar de influir en los aspectos técnicos del texto. Sin embargo, finalmente Berlín y Roma decidieron esta semana cambiar su postura para facilitar la ratificación del proyecto. Así, sola y sin apoyos, París optó por respaldar la normativa a regañadientes.
La ley aprobada prohibirá los usos de IA que supongan un «riesgo inaceptable». Es el caso de los sistemas de puntuación social y de la manipulación cognitiva de grupos vulnerables. También establecerá límites más o menos estrictos para otras aplicaciones de esta tecnología en función de sus peligros.
En la reunión de este viernes, Austria mostró su preocupación por el impacto que la regulación pueda tener en la protección de datos de los ciudadanos europeos. Además, mostró su disconformidad con las excepciones que permitirían el uso, en casos limitados, de sistemas intrusivos como el reconocimiento facial por parte de la policía y los ejércitos.
Francia, por su parte, ha puesto «condiciones estrictas» a su apoyo. El Elíseo quiere garantías de que la ley no obstaculizará el desarrollo de modelos de IA europeos y que existirá un equilibrio entre las obligaciones de transparencia y la protección del secreto empresarial. París también quiere que las obligaciones establecidas para los sistemas de «alto riesgo», como la IA aplicada en infraestructuras críticas o la identificación biométrica, se apliquen sin suponer una «sobrecarga administrativa» para las empresas.
La aprobación de la ley por parte de los 27 miembros de la UE es un paso crucial, pero no es el final del proceso. El próximo 13 de febrero, las comisiones de Mercado Interior y de Libertades Civiles del Parlamento Europeo se reunirán para dar luz verde al reglamento. Hasta entonces, Francia y Alemania tendrán margen para tratar de influir en cómo se aplicará. La votación definitiva en la Eurocámara será en el pleno previsto para el 10 y 11 de abril.
La primera regulación integral de la IA entrará en vigor 20 días después de que se oficialicen los pasos anteriores. Las prohibiciones de la IA de «riesgo inaceptable» se aplicarán seis meses después, las obligaciones a los modelos como ChatGPT lo harán al cabo de un año y las demás reglas al cabo de dos. En la práctica, esto significa que la implementación total de la normativa se hará esperar hasta 2026 o 2027.
