Rafael Villaseca y Jordi Cazorla, de Celsa

El grupo siderúrgico Celsa ha anunciado sus planes de reclamar una cantidad de 539 millones de euros a la familia Rubiralta, una deuda impagada que dejaron antes de que un juez les retirara la propiedad de la empresa a favor de sus acreedores. El presidente no ejecutivo del grupo, Rafael Villaseca, ha hecho pública esta intención durante una rueda de prensa, asegurando que la empresa no renunciará a esas cantidades y que es su obligación llevar a cabo todas las acciones necesarias para recuperarlas.

La actual dirección de Celsa, constituida después de que se le retirara la propiedad a la familia Rubiralta, está trabajando en la reorganización de las cuentas del gigante siderúrgico. Celsa emplea a 4.000 personas en España y otras 6.000 en diferentes países europeos. La dirección espera tener definido un plan de inversiones para el inicio del segundo semestre del año. Este plan determinará cuánto dinero tiene la empresa, cuánto se destinará a pagar la deuda pendiente y cuánto se invertirá para mantener la competitividad del negocio.

La propiedad de Celsa es actualmente ostentada por unas 20 sociedades, entre las que destacan Attestor Capital, Cross Ocean, Deutsche Bank, Golden Tree Asset Management y Strategic Value Partners. Durante el proceso de auditoría interna llevado a cabo por estos nuevos propietarios, se detectó una partida de 539 millones de euros en créditos que las sociedades que componen el grupo Celsa otorgaron a otras empresas propiedad de la familia Rubiralta. Estas empresas actualmente están en concurso de acreedores y no tienen capacidad para devolver estos créditos, considerados por la dirección actual como «crédito incobrable«.

La nueva dirección de Celsa ha buscado transmitir un mensaje de tranquilidad durante su comparecencia ante los medios de comunicación. Según Villaseca, «Hemos sacado a Celsa de la UCI«. La entrada de los fondos acreedores provocó una capitalización de deuda en el grupo, reduciendo su deuda de 2.316 millones de euros, frente a los 3.734 millones de euros que tenía antes de que los Rubiralta perdieran el control de la compañía.

En el ejercicio 2023, la corporación registró unos beneficios de 459 millones de euros, una cifra que hubiera sido de 918 millones de pérdidas de no haber sido por esta capitalización. La facturación de ese año fue de 4.765 millones de euros, un 22% menos que el año anterior, y el ‘ebitda’ fue positivo, con 155 millones de euros.

El objetivo a corto plazo de la compañía es obtener números verdes de manera continua y estable, algo que la actual dirección espera lograr entre 2024 y 2025. Para ello, se contemplan varias estrategias, como la venta de activos en el extranjero y la entrada de un nuevo inversor que adquiera un 20% de la propiedad. Este inversor deberá ser de perfil industrial y español, y la búsqueda comenzará antes de finalizar junio.

Las expectativas de futuro son positivas para Celsa, con un aumento del consumo aparente de sus clientes durante los próximos meses. Se espera una recuperación paulatina del 5,6% en 2024 y otro aumento del 2,9% en 2025.

Por Daniel